jueves, 4 de mayo de 2023

Relato Erótico🔥. La Heredera (Escenas).

❗🔴Aclarar, que... no conozco demasiado de este mundo, solo lo básico, creo,  y por tanto, puedo cometer errores. Escribo siempre desde el respeto, solo por y para entretenimiento y, por supuesto, placer. Todos mis relatos, son erotismo oscuro, terror y fantasias, pero no es BDSM como tal, aunque tenga bastantes pinceladas de ello, no quiero confusiones.  Aclarado esto, disfrutad de la lectura. Un saludo🔴❗

+Pequeña escena de mi relato. La Heredera. Es una adaptación en su principio, de otra historia que leí y me inspiró a crear mi propia versión.

+• Buenas noches queridos míos. Aquí me tenéis de nuevo para poneros cachondos, para que beséis mis pies. Para prenderos las antorchas, y estimularos las ideas más perversas. Os quiero dar, muy malas ideas, muy malas- Aquella voz, femenina pero ronca al mismo tiempo, había removido en ella algo muy escondido, algo de su pasado. Una parte que estaba muy muerta. Era difícil de explicar, pero esa voz le había provocado un escalofrio leve. El escenario quedó a oscuras de repente, y cuando las luces se encendieron apuntando al centro, allí estaba la dueña de esa voz. Diosa. Esa era la palabra perfecta para definirla dentro de su cabeza. Ante sus ojos había una diosa de ensueño. De cabello negro azabache, con medio lado rapado, y de labios jugosos que tentaban al pecado. Su rostro estaba semioculto tras una máscara dorada de estilo veneciano junto a un atuendo muy sexy, demasiado. Un vestido color burdeos, que marcaba cada curva de la perdición de ese cuerpo, esculpido por un experto en tallar figuras en madera, de aspecto tan perfecto que se transforman en humanas, para los ojos adoradores que las miran, que irremediablemente, las veneran.

• Y eso, todo unido en una emulsión homogénea, eso, realmente le daba un toque misterioso, sublime y morboso, difícil de ignorar. Difícil por no decir, imposible era no dejarse atrapar. Se había perdido en todo aquél monumento histórico que era esa mujer, se había perdido en aquél escandaloso derroche de pasión que inhalaban todos los allí presentes, como si fuese marihuana. Todos hechizados, bajo su embrujo. La voz irrumpió desde el micrófono de nuevo tras una pausa en que esa diosa, había desaparecido para al segundo volver al escenario, pero no volvía sola. Traía compañía. Un hombre totalmente desnudo, la seguía gateando desde el suelo, ella lo guiaba con la correa de cuero morado que él llevaba amarrada a su cuello, se detuvo y le puso el extremo de la correa del que lo había paseado en la boca, que él ya tenía abierta, sin que tuviese que decirle nada para que lo hiciera.

• Os presento a mi gatito, Krum. Krum, saluda a nuestro público.- Y aquél hombre a cuatro patas y con la correa en la boca, se comenzó a revolcar sobre el suelo del escenario, emitiendo maullidos felinos, mientras el público aplaudía, o silbaba.

•  Así es como solía saludarme mi gato, cuando llegaba del trabajo. Quería que le acariciara y jugase con él. ¿Tú quieres jugar conmigo, krum?- Ese hibrido entre hombre y felino la miraba pero no contestó, solo asintió.- Ella sonrió, si hubiese hablado sin permiso, y la correa se le hubiese caído al suelo, tendría que castigarlo, él fue listo, pero ella lo era más.

• ¿Te ha comido la lengua otra gata, cosita mía? Ah, espera, olvidaba que tu gata está castrada temporalmente, hasta que merezca la absolución. No se portó bien, y tenía que castigarla, que mala soy ¿No?.- El semigato, la miraba siempre a los ojos, no debía deshacer el contacto visual con su AMA, porque ella no lo toleraba. Era una de las reglas de oro en su relación.

Y el juego comenzó. Torturó, humilló e hizo correrse al gato, hasta que este suplicó clemencia, mientras colgaba suspendido sobre el aire, abrazado todo por cuerdas grises que mordían su piel, picoteada de las abejas rabiosas del látigo de su Ama. Le había conseguido llevar al límite hasta que una fuente de leche fué derramada con potencia en un cuenco plateado, del cual aquella mujer, le hizo beber con la lengua, para después, hacer que le besase los pies, mientras ella se fumaba un puro habanero, y echaba la ceniza en su boca, que abría cuando ella le ordenaba. Así acabó la función, sin despedidas audibles, pero si en una imagen extremadamente digna de no ser olvidada, ella al menos, jamás la podría olvidar. Porque esa Ama, desde el escenario había cruzado miradas con ella demasiadas veces, no eran miradas casuales, si no muy intensas, las cuales le hacían pensar en cómo sería ser ella la gata, que la tocase y la torturase así, sentir su poder abrasador. Pero también pensó, que quizás y muy probablemente esa mujer, era una trabajadora sexual profesional, y cobraría sin dudar una suma de dinero groseramente alta por darle una sola noche de todo lo que deseaba en secreto, y, sí, lo había deseado con ella. Decidió calmarse, mientras su amiga se había puesto a coquetear con un rubio macizo, seguramente se lo llevaría a casa, polvo asegurado para Kyara. Ella era de líos de una noche, así era su Kyara. En cambio no ella, hasta este momento solo había tenido dos relaciones, y habían sido serias, pero salieron tan jodidamente mal, la dejaron tan trastocada mental y emocionalmente, que nunca quiso nada más, no quería ese “MÁS” cuando sus amantes se ponían intensas con el tema, las acababa dejando y desaparecía del mapa...Así habia acabado todo en lo que a relaciones de refiere, después de...ella, de la última mujer que consiguió derrumbar sus muros, y romper su coraza de acero, después de ella...nada. Hasta ahora.

El público estaba muy caldeado, se podía notar la temperatura subsahariana que tenía a todos en tensión, tensión que se iba a cortar con cuchillos en muy breve tiempo. Cruzó breves palabras con su amiga que estaba ocupada morreándose con ese rubio, y al instante su amiga se iba a otra sala de allí, suponiendo que... para dar rienda suelta al deseo que se los comía a ambos. Se quedó sola en la barra, pues ya todos o casi todos se habían ido a las salas privadas. Su segunda copa estaba ya a punto de expirar, y pensó en que lo había pasado genial, pero ya no tenía nada que hacer allí, de manera que decidió marcharse a casa, y darse una madrugada de placer con sus juguetes y su precioso Satisfyer, quizás una copa de vino y leer un ratito también. Pero cuando fué a levantarse de la silla, una mano pequeña, de uñas afiladas, se posó en su hombro. Impidiéndole levantarse. Se giró y se chocó con los ojos inquisitivos y penetrantes, de quien menos esperaba. La musa que toda la noche había cruzado miradas con ella. 

*¿Vas a alguna parte, preciosa?- Su mano seguía en su hombro, firme en su posición, ella se sintió cohibida, no sabía que responder-

*Pues…pensaba marcharme a casa, mi amiga se ha ido con alguien, me he quedado sola y no conozco a nadie…. yo no hago nada aquí.-Su voz se había tornado tímida, apenas audible, y no miró a los ojos a su acompañante. Cosa que no le gustó, ya que con la otra mano, le alzó la cara obligándola a mirarla directamente.


*En primer lugar, mírame a los ojos, a la cara, estoy aquí frente a ti, no en el suelo. En segundo lugar, no vas a ningún sitio, porque ya no estás sola, y sí, si haces algo aquí. ¿Tenemos algo pendiente, no crees? ¿O me vas a negar que hemos estado hablado con los ojos? Contéstame.-Su tono denotaba exigencia, urgencia, y… calentura. Se miraron a los ojos, sin extraños por en medio, ahora estaban al fin, manteniendo una conversación en silencio y privada entre sus ojos. Eso pareció asustarla, e intentó levantarse para huir, no podía aguantar lo que esa mirada le hacía pensar y sentir, se sentía intimidada. Pero la otra se lo impidió, agarrándola del brazo y sentándola en la silla de nuevo.

*No vuelvas a huir de mí, ¿Entiendes?. Quiero saber quién eres, quiero saber porqué me mirabas de esa forma, quiero conocerte. Me pareces increíblemente preciosa, me encanta el vestido que llevas con ese estilo que sinceramente me provoca malas, ideas, recuerda, malas ideas. De manera que te haré unas preguntas y tú las responderás. Si de veras te intereso, como me has gritado con tus ojos desde el escenario, donde aunque me fijé en todos, pero tú destacabas, tú brillabas como un faro en altamar. Si no quieres, si no me vas a responder, me marcharé, no volverás a saber nada de mí, porque sé que eres una invitada, y no creo que vuelvas en tu vida a este lugar, y te preguntarás que habría pasado de haber dicho que sí. ¿Dime, quieres continuar, o no?- Me había quedado momificada con tal discurso, pero aunque aquella endemoniada diablesa me tenía contra las cuerdas, dejé el miedo de lado, si tenía miedo, ese mundo hacía mucho tiempo que había dejado de visitarlo, tenía miedo. Pero no quería pasarme la puta vida arrepintiéndome por no haber vencido el miedo. Ya que me había vuelto muy antisocial también, me costaba la vida relacionarme o comunicarme con las personas, en cambio al escribir era un fluir incesante de relatos, de poesía, de erotismo oscuro y pasional. Decidí arriesgarme.


*S….Si- Titubeé nerviosa y dudosa, pero cometí el error de nuevo de no mirarle a los ojos. y su mano me alzó nuevamente la cara, esta vez con más fuerza, nariz contra nariz, sus labios tan cerca, que sentía el olor de su labial, y su aliento cálido y dulzón cuando comenzó a susurrarme.


*Vuelve a cometer el mismo error, y me voy a buscar a alguien más. ¿Entiendes?.-Asentí, mientras sus ojos fieros ahondaban en los míos, una guerra, una explosión de pinturas que hacían gotelé sobre mis paredes más duras.


*Bien. ¿Quién eres y porqué me mirabas de esa forma? Responde, ahora.-Y su mano dejó de apretar mi hombro, y acaricio con sus dedos parte de él, para seguidamente volver a su dueña, que no me tocaba pero me dejaba marcas fogosas, me comía con la mirada.


+Mi nombre es… Liana. Bbbueno yo… yo te miraba porque.. Porque…-No se atrevía a confesarle lo que pensaba, lo que deseaba mientras la había visto en el escenario con aquél gato humano.


*Dímelo. Quiero una respuesta.* Se había inclinado sobre su cuerpo, y le acariciaba el cuello, erizándole hasta el último pelo de su cabello.


L*Te miraba porque, porque…. me habría gustado ser yo a quien hicieses todo lo que le hiciste a ese hombre, porque deseaba sentir todo eso, porque tú… tú me gustas. Pero pensé… pensé- Eso sí que no quería decírselo, podría tomárselo como un insulto, y le parecía una pregunta demasiado personal para quienes no se conocían de nada. Pero ella, la presionaba, provocando que le dijera lo que quería oír.


*Dímelo, no tengas miedo. No muerdo, al menos, no ahora. Suéltalo ya-Acompañó cada palabra con lamidas en el cuello, algún besito, la estaba acercando al borde, para que le dijese lo que quería saber. Sabía que lo conseguiría, era experta en esto.


L*Ufff bueno yo… pensé, pensé que eras una dominatrix profesional, o algo así, y si así fuese, no tengo el suficiente dinero para pagarte.- Lo soltó todo tan rápido que ni se acordó de respirar, la otra se echó a reír, dejando de besarla, y separándose de ella, se volvió a sentar en su lugar.


*¿De veras? ¿Tanto miedo te doy, como para no atreverte a decirme eso? Responderé a tu pregunta, luego tú seguirás respondiendo a las mías. No, no soy dominatrix profesional, lo hago por puro placer, pero no me dedico a ello profesionalmente hablando, aunque si, mi vida es de este estilo. Te he regalado información, tenlo en cuenta.- Le guiñó el ojo pícaramente, y eso pareció relajar mucho más de lo aparente. Pues Liana sintió un peso caer al suelo, sabiendo que ella no se dedicaba eso, ni cobraba sumas desorbitadas de dinero, quizás pudiese convencerla de que tuvieran una sesión, solo ellas dos, se moría de ganas por estar en sus manos.  Viendo que Liana no decía nada, siguió hablando ella, se notaba a la legua quien lideraba en la conversación.


* ¿Y dime, que haces aquí? Nunca te he visto en este ambiente, ni siquiera por páginas de nuestro mundo, y yo conozco a todos, quiero que me digas si eres nueva.-


L*Emm bueno, pues me he mudado recientemente, por temas laborales, para ver si encuentro trabajo, si no, tendré que regresar a mi antiguo pueblo, pues allí tengo algo para poder salir adelante, pero no quiero acabar de camarera toda mi vida, además de que preferiría vivir de lo mío. El bar es de mi prima, y me paga muy bien. Pero necesitaba más, y alejarme de allí porque me hacía mucho mal. Gracias a una amiga, ella me dejó quedarme en su casa, yo encontré trabajo temporal, y compartimos gastos. Y bueno, lo otro, es que no soy de salir por el ambiente, mi vida  social es prácticamente inexistente, solo salgo con mi amiga. Por eso quizás no me hayas visto en más fiestas de este estilo, o en ninguna página, pues no suelo estar por esas redes sociales.-Esta vez habló sin alterarse, despacio y sin perder el contacto visual, respetando lo que la otra le había exigido, que sonrió tras esa respuesta.


*¿En qué trabajas, cuál es tu campo? - Su tono de voz pareció más dulce esta vez.


L* Periodista, bueno, lo era hasta que el periódico donde trabajaba quebró y nos dejó a todos en la calle. Gracias a que hace un par de años tuve éxito escribiendo un libro, y saqué suficientes beneficios como para no ahogarme mientras buscaba otro trabajo- En parte le había mentido, había escrito no solo un libro, si no 4 hasta ahora y estaba comenzando con el quinto, pero la  editorial, por causa de la muerte de su fundador, y también por un escándalo provocado por quienes se hicieron cargo de ella tras eso, fue arrastrada a la ruina. Ahora tendría que buscar un nuevo editor. La vida se había puesto como objetivo joderle por esos dos lados. Menuda mierda. Pues si bien era periodista, su verdadero trabajo era el de escritora, como siempre soñó, solo que siempre usó un pseudónimo. No le gustaba la fama, nunca se dejó ver en público, jamás consintió firmar libros, nadie conocía su rostro, nadie al menos que ella supiese. Pero tenía que vivir, y publicar su arte, ya que era una forma de matar dos pájaros de un tiro. Además de su ilusión porque todo el mundo, pudiese disfrutar de buenos ratitos de lectura, que les alejasen de la rutina, de la vida y el estrés en general.

Akasha Di Tau- Ese era el nombre bajo el que publicaba sus novelas, o más bien sus historias. Su estilo alcanzaba desde erotismo puro, hasta poemas de amor, canciones, historias de terror, asesinatos, misterios. Se soltaba la melena y no tenía reglas en cuanto a escribir, no aceptaba las reglas de los versos o de otra índole, no le veía sentido a ponerle cadenas a la imaginación que fluía como un rio dentro de su ser. Puesto que para escribir, te has de dejar llevar por lo que piensas, lo que sientes, y si empiezas a pensar esto no, porque no se puede, esto no va así, se pierde el encanto, preferia hacer lo que le daba la gana, escribir con total locura y abandono, con esa entrega que solo le juras a un dios a un anor o en este caso... a tu AMA. De manera que ella, escribía con su rebeldia latiendo en cada letra, y la opinión de algunos, le resbalaba como resbala el agua en un cristal...no està de màs recordar, que el cristal es precioso, pero si lo rompes, es peligroso y cortante, ahí lo dejo.


*¿Mmm periodista eh? No es que sea muy fan, precisamente, ya sabes que de aquí no puede salir nada, espero que lo respetes. ¿Y ya estás trabajando de lo tuyo por aquí, o estás trabajando en lo que te ha salido para sobrevivir? ¿O has recibido ya alguna oferta de trabajo?- Valla, era directa, y muy curiosa. Tenía la idea de ir a una editorial o varias, por dos razones, primera porque quizás con sus estudios, pudiese trabajar allí, y segundo para poder publicar su libro, pero ese detalle no se lo iba a decir. No quería que descubriese su verdadero trabajo, odiaba la fama, quería que la quisiesen por lo que ella era, no porque fuese famosa. Enseguida le vino a la mente, un detalle que se le había pasado, ya que la presencia de esa mujer  medio enmascarada, le atontaba los sentidos. Ni siquiera se había presentado, ella sabía ya su nombre, que era Liana. Se iba a lanzar a preguntarle, necesitaba saber cómo llamarla.


L*Lo respeto, puedes estar tranquila. Pues no, no encontré, pero tengo esta semana que viene un par de entrevistas para trabajar de lo mío, no puedo decirte el nombre de las empresas, secreto profesional, con suerte volveré al mundo periodístico muy pronto. Ahora estoy trabajando a media jornada en el restaurant Sangui Di Mariamne. ¿Lo conoces? Un italiano. Por cierto, me gustaría si no te parece mal, saber tu nombre….- Había cogido valor, hablando con seguridad, un cambio notable que su interlocutora pudo atisbar, cosa que le gustó y mucho. Esta deliciosa niña en apariencia, parecía tímida, retraída, muy dulce y extrañamente familiar, algo en ella, había algo en ella, esa noche averiguaría qué la hacía tan especial. La estudió todo el tiempo, y fue analizandola en sus respuestas, su lenguaje no verbal, la fué descifrando, y ahora, ese detalle final, ese cambio inesperado en su actitud, la complacía. Era la candidata perfecta, y el destino jugaba de su lado, ya que ella le había confesado su deseo y no podía si no, cumplir su deseo, que tambien era ya, el suyo propio. +Tu placer, es el mío+. Pues lo cumpliría, pero sería a su manera. Como se iba a divertir. Porque no había respondido a algunas preguntas, o actuó con evasivas. Como por ejemplo, cuando le preguntó si había conseguido alguna entrevista de trabajo. Necesitaba saberlo. Quizás pudiese mantenerla a su lado, de alguna forma. Estaba obsesivamente posesiva desde que cruzó palabra con ella. Algo que nunca le había ocurrido, la necesitaba. Como heroína, ketamina, y María juntas. Le había pegado fuerte el deseo.

T*Por supuesto que lo conozco, aunque hace mucho que no voy, pero quien puede olvidar esa pasta a la carbonara, ese vino que da nombre al restaurante. Alguna noche apareceré y beberemos juntas. Oh, mi nombre. Soy Tina. Encantada de conocerte, Liana. Ahora que ya sabes quién soy, y has respondido a mis preguntas, aunque bueno, no como me habría gustado. Quiero proponerte algo. Solo responderás sí o no. Bien. ¿Jugarías conmigo a un juego? Sé que deseas que juegue contigo, me lo has confirmado antes, pero quiero tener consentimiento de tu parte. Una vez que tomes una decisión, no habrá marcha atrás. Si no juegas, aquí nos despedimos. Si aceptas jugar, te concederé un deseo. ¿Qué decides?- Liana no lo dudó. Pensaba averiguar donde la podía llevar, la noche y la musa que tenia enfrente.

L*Acepto.*Se miraban de nuevo, retándose con esos ojos, una tormenta de mares verdes contra otro de tonos caramelo, que lanzaban destellos alquímicos.-

T*Respuesta correcta. Estas son las reglas, las condiciones. Te haré dos preguntas más, dos cosas que no has querido contarme, ocultas cosas. Si, sabes tan bien como yo, que es así. Tengo 45 minutos, para arrancarte las respuestas que quiero de ti, si lo consigo, serás mía todo el fin de semana, hay algo de ti que me resulta especial, atrayente, quiero saber que es. Si tú ganas, si no consigo que me respondas esas dos preguntas en el tiempo estipulado, entonces te concederé un deseo. El que quieras. ¿Queda todo claro?- Tina estaba bebiendo una copa de vino que le habían traído hacia poquito, y una gota resbalaba por la comisura de sus labios hasta posarse en su mentón, Liana pensó en hacer una cosa, pero sería un atrevimiento, y esa mujer le imponía demasiado, aun así, lo hizo. Se acercó a ella, y le limpió con sus labios esa gotita de vino que casi acaba manchando su atuendo. La dejó hacer, algo sorprendida  y enternecida por esa acción. Sin duda, la quería para ella, necesitaba tenerla entre sus brazos. Quería que ese fin de semana, Liana fuese solo suya, ya vería como se las ingeniaba para atraparla en su telaraña por una eternidad, no la pensaba dejar escapar facilmente. Y así sería, ya que ella, era una consumada maestra en interrogatorios, y en desesperar a sus sumisos. Sabía tocar donde debía, pero también donde no debía en varios sentidos. Liana era su tipo de mujer ideal, nunca antes le había ocurrido, el ver a alguien por primera vez, y sentirse de esa forma. Inexplicable. Era inexplicable. Añadiendo que le recordaba a alguien de su pasado, alguien con unos ojos tan expresivos y soñadores, como los de esa mujer, sus ojos le hablaban, sin duda. Pero no podía ser ella, ella murió en el orfanato, eso le dijeron las monjas. Y su alma se resquebrajó hasta el punto, en que nunca más pudo amar, ni abrir su alma. Se condenó al sexo sin amor, al deseo de estalactitas, de tocar y no dejar que te toquen, al diluvio nocturno que inundaba sus pulmones y la asfixiaba con el nombre de esa joven en sus labios… Marina. Marina, mi estrella de mar, mi pureza soñada y amada, Marina mi pecosa bella. Nunca supiste lo que sentía por ti, no dejé que te acercases porque no quería hacerte daño, yo siempre fui un monstruo, siempre me trataron como tal, y en esos momentos, creí realmente, que yo era un monstruo. Un monstruo por lo que hice. Cuando envenené con matarratas al padre que me arrebató a mi madre. Los rumores se acrecentaban, me llamaban asesina. Y nadie quería tenerme en su familia, al final acabé en ese infierno, pero tú fuiste el diamante, el ángel dentro de aquél desastroso lugar. Tina pensaba en eso, en su pasado, y entristeció, se le escapó una lágrima que enseguida se limpió con el dorso de la mano.

T* Ahora ponte en pie, y ven conmigo. Vamos a jugar, pero será en el escenario, vas a ser el foco de atención junto a mí, vas a saber lo que se siente, como deseabas, cuando me mirabas-Liana enseguida se puso tensa, no era su idea ni mucho menos hacer exhibicionismo, ella había pensado que el juego sería algo íntimo, solo para ellas.


L*No…. pero yo pensaba que solo estaríamos tu y yo, yo… yo me da vergüenza que me vean desnuda, yo estoy gorda, y no…- Tina que vió venir su jugada, la abrazó por detrás con fuerza, deteniéndola cuando había intentado escapar de ella. Otra vez.


T* No quería tener que hacerlo, te advertí que no huyeras de mí, ahora tendré que castigarte por esto. Tú aceptaste las condiciones, y desde que pronunciaste el sí acepto, comenzó este juego Digamos que, has firmado verbalmente un contrato conmigo. ¿Recuerdas? Confía en mí, por favor. Te prometo que no te arrepentiràs. Eres libre de marcharte, si es demasiado para tí, pero...me encantaria tenerte.-Así, susurràndole mientras la tenia abrazada desde atràs, la acariciaba y posaba besos dulces sobre sus hombros y su cuello. Liana, asintió levemente. Solo era un juego, habia asistido a un club donde hacian espectàculos de ese estilo, y ahora la invitaban a jugar...¿Se iba a negar? ¿Y perderse, quizàs una noche inolvidable, cumpliendo sus fantasias? No. Lo tenia claro, se quedaba, porque realmente, queria jugar ese juego. Y por supuesto, que no tenia miedo, ese club era lo bastante respetable, y no sabia, pero algo dentro de ella, le decía que se dejase llevar por Tina. 

 *T- Ahora vendrás conmigo. Sube al escenario delante de mí-Susurró mientras le ronroneaba en el oído, envolviéndola, seduciéndola con su voz, haciendo que se abrieran los infiernos bajo sus pies, estremeciéndola hasta la punta de los pies. Ya no podía escapar. Estaba claro. Comenzó a subir escalón tras escalón,  el fluir de su corazón, bombeaba enloquecido. Su corazón era un caballo desbocado. No estuvo un segundo sola, la seguía, Tina estaba tras ella. Dàndole seguridad y ànimo.

T*Quédate aquí-Y se marchó tras las cortinas, de donde salió con una camilla acolchada, y una cesta tapada con una sábana. Posicionó la camilla, sin hacerle caso ya, a Liana, que estaba echa un flan de nervios, la gente ya acudía, como si se les hubiese avisado rápidamente de que otro espectáculo tendría lugar en el bar. Desde su techo descendían làmparas de araña, cristaleria finamente trabajada. Muros de piedra caliza y pizarra, convergian en puntos extratégicos, sin duda para realzar su ineludible y mayestàtica hermosura. Ella se dedicaba a observarlo todo, puesto que todos la observaban a ellas. Las paredes parecian tener ojos, esa es la sensación que daba. Y hablando de sensaciones, las suyas sufrieron un vuelco al sentirse apuñalada por esos ojos acaramelados, que ahora la desnudaban, sin resistencia, sin oposición. Ambas desafiàndose en un duelo imperceptibe a los demàs.


T*¿Te gusta lo que ves? Mmm-Su voz ya no era la misma, habia cambiado. Ante sus ojos, esa mujer habia mudado de piel, para ponerse la de la mismísima Hécate. Poder, todo ese portento que idolatraba, irradiaba poder. Tina se habia cambiado de ropa, ahora su vestimenta era sencillamente una túnica negra bordaba en tonos dorados, y abierta justo por el lado, casi podias ver su lenceria íntima. No se había quitado la màscara, y eso añadía un plus, otro màs para la cuenta. Y sí, le gustaba lo que veía, muchísimo.


L*Si...emm me gusta, me gusta mucho-Habría querido poder comportarse como era ella normalmente, con decisión, firmeza y atrevimiento, pero algo hacia que sus demonios perversos se quedasen suavecitos, tras una paliza de canela en rama.


T*Me gusta que te guste. Quiero que ahora te desnudes para mí. Solo mírame a mí.-Liana con el rubor subiéndole por las ya caldeadas mejillas, dudó unos instantes, consciente de que o lo hacia ella, o Tina lo haría. Con manos temblorosas, se quitó su chupa de cuero y el vestido. Dejando para lo último, las botas de tacón y su ropa interior, lo cual no quería quitarse, tenía complejos que no la habían dejado estar agusto en sus relaciones sexuales. Como todas las mujeres, pensaba que estaba gorda, y sus pechos no eran de su agrado. Tina la observaba impacientándose cada vez más, y al ver su duda, interfirió.


*¿Quieres que lo haga por ti? Dije que te desnudes, completamente-Le espetó un poco alterada. Liana se puso aún más nerviosa.


L*Es que... Es que... Estoy gorda, mis pechos no...-No le dió tiempo a terminar, Tina le había tapado la boca con su mano y pegó tanto su cuerpo a suyo que podía sentir las llamaradas que emanaban de él.


T*Shhhh preciosa, escúchame. No estás gorda, mírate. Tienes un cuerpo sano, lleno de vitalidad, y, si, se nota el buen comer. Pero, eres el heraldo de la Gula, su imagen viviente. Anticipas una ceremonia de las cinco rosas. Tus pechos son perfectos sean como sean, la belleza está en los ojos del que mira, y para mí, que soy quien te mira, eres maravillosamente atractiva. De modo que, te prohíbo avergonzarte de tu cuerpo. En lo que dure este juego, eres solo mía, te sentirás orgullosa de mostrármelo, y de que yo lo adore. Porque eso haré. ¿Entendido?-La emoción que sintió con las palabras de Tina, le subió el ego, y el guapo por la estratosfera. Vendería el cielo al diablo, tenía don de gentes. No había duda. 

La mujer enmascarada, la abrazó, y mientras ese beso la tenía distraída, la llevaba marcha atrás hacia donde la quería, la empujó y fué a caer de golpe, encima de la camilla, quedando tumbada sobre ella.


T*Quédate quieta, voy a asegurarme de que no vuelvas a intentar escaparte Jajaja-Su risa era bonita, con un deje de maldad. En cuestión de unos minutos Liana ya no podía moverse ni un cm. Estaba amarrada con correas de cuero blanco.


T*Huye ahora, venga inténtalo cariño-añadió socarronamente mientras pasaba sus largas y afiladas uñas, con manicura francesa por su espalda. Haciendo que un ramalazo de sensaciones se extendiera desde su columna, hasta el llameante demonio que ansiaba el toque de ese ángel pervertido. Liana intentó moverse, tal vez sin mucho ímpetu, y Tina dándose cuenta, decidió darle una motivación para que lo intentase de veras. Antes de comenzar su interrogatorio, iba a bailarle la danza de los 7 velos, a enseñarle  la piruleta, sin darle a probar una mordidita de ella, la volvería loca, desde ya, no podía esperar, y para qué mentir, también su excitación la tentaba, y caería enseguida en sus garras. 

*T- Oh vamos cielo, sé que puedes hacerlo mejor,  ¿No crees? – Estaba de espaldas a ella, en esa camilla, desnuda, atada frente a las cortinas que estaban por abrirse ya. Con un sonido de arrastre, las cortinas dieron paso a un público que los esperaba bastante incendiados ya. Aquello era una bacanal, donde Baco, sin duda, era Tina. 

 Tintineo de cadenas, ráfagas del sonido de látigos rompiendo la barrera del sonido, besando y lamiendo lágrimas. Liana para qué negarlo, se sintió abrumada ante lo que veía, nadie miraba al de al lado, estaban totalmente inmersos en sus propios deseos. Hasta que una atronadora voz femenina, interrumpió el momento. 

*T-Mis queridas señoras y señores. Os he convocado, porque quiero haceros testigos de un nuevo juego. Bien. En esto consiste mi juego. Esta bonita dama que veis aquí, va a contarme lo que me ha ocultado. Tengo 45 minutos para lograrlo. Si yo gano, será mía todo el fin de semana, si ella gana, le concederé un deseo. Dicho esto… ¡A fuego!-Cuando pronunció esto, se arrancó la bata que la cubría, dejándola con una especie de falda de danza oriental, todo lo demás era acariciado por el aire. Sus pechos erizados, sus pezones empitonados, apuntaba directamente a Liana, cual mirilla laser de una ametralladora Gatling. Comenzó a sonar una melodía endiabladamente sexy (Diana Bastet. Metal Belly Dance. Rotting Christ), pero el trono sexy enseguida lo ocupó aquella mujer. Sus caderas subían y bajaban, al ritmo de la batería que parecía obedecerla, los bajos eran poesía lírica que la embadurnaba en sal del Himalaya, y rosa de Jericó. El mar muerto, resucitaba a cada genuflexión de sus piernas trabadas, esas T que sostenían en su cúspide el tesoro perdido del faraón Seti. Oro líquido en forma del vaivén casi químico de sus pechos y su cintura, cintura perfecta a rodear con un brazo, para con el otro, terminar de envolverla en pétalos de gardenias. Eso pensaba Liana, que en su posición comprometedora, siendo devorada por la imaginación de muchos de los de allí, que la observaban a ella y no a Tina, que le bailaba provocadoramente encima, moviéndose en círculos, cabalgándola cual guerrera, susurrándole en el oído, tocándole levemente, abriendo su apetito, voraz y candente. Entonces sí que comenzó a intentar soltarte de las correas, anhelando tocarla, sentir cuerpo contra cuerpo. Tina, tenía una forma ridículamente obscena pero muy eficiente de conseguir lo que quería. Y solo había hecho empezar.

*T- Mmmm ¿Ves como si puedes hacerlo mejor, preciosa mía? Solo tengo que accionar la palanca correcta muajaja-Y se separó de ella demasiado rápido, demasiado lento, Liana tenía la boca seca, deseando humedecerla dentro de esa boca venenosa. 

*L- Grr….vuelve por favor- Con dulzura le susurró, pero Tina estaba buscando algo en la cesta que había traído y no le hacía el mínimo caso. Ahora habló por el micro al público.

*T- Los preliminares se acabaron. Empieza el interrogatorio. –Y les enseñó un objeto que Liana no podía ver desde la camilla. Muchos soltaban risitas.

*T- Bueno cariño. Te haré la primera pregunta. Y me dirás la verdad, de lo contrario, tendré que obligarte a que lo hagas. Bien. ¿Sabes que esto?- Se puso a milímetros de ella, enseñándole unos cables, de los cuales colgaban unas pinzas. Y de otro de ellos, colgaba un tubo metálico algo grueso. Liana que había abierto los ojos sorprendida, lo miró y si reconoció lo que era, pero decidió hacerse la tonta. A Tina no se le escapó esto.

L-No sé lo que es, ¿Me lo explicas?- Su tono ya no era sumiso o denotaba timidez, pareciera que se hubiese envalentonado, o más bien su vena masoquista estaba pidiendo a gritos ser atendida.

*T-¿De veras que no lo sabes? Veo que mientes otra vez. He visto como tus ojos se abrían sorprendidos, eres demasiado expresiva, como para ocultar tus emociones, te he leído.

Te explico, aunque supongo que lo sabes. Esto que ves en mis manos, es un electro estimulador, y aunque puede ser un aliado brutal del placer extremo, también tiene un lado opuesto. Estas pinzas irán a tus pechos, y ese tubo de metal, dentro de ti. Te recorrerán voltajes de electricidad, a más te resistas a responderme, más potencia. Bien. Decide una palabra de seguridad.- Liana la escuchó desafiante, con una sonrisa altiva. Sabiendo lo que venía. Su palabra de seguridad la tenia marcada a hierro candente.

L-Ufff….mi palabra de seguridad será Lobo.- 

*T-Bien. Primera pregunta. ¿Por qué huiste de tu antiguo hogar, de tu anterior ciudad? No creo que fuese solo por trabajo, hay algo más. ¿Cuál es la verdadera razón?- Liana se sorprendió mucho por esta pregunta, no se lo vio venir, y es que la respuesta, le dolia demasiado, a sobremanera. No quería mirar atrás, no quería. Negó con la cabeza.

*T-No respondes. Bueno… vamos allá.- Acercándose a ella, y sin ningún remilgo, comenzó a lamerme, y chupetearle los pezones, mordiéndoselos a ratos, sus manos no la tocaban, pero el solo roce de sus labios en esa carne repleta de terminaciones nerviosas, reaccionó hinchándose, erizándose. Cuando cerraba los ojos suspirando, un doble bocado de agonía la atravesó en esas dos montañas. Tina le había apresado con las pinzas los pezones, la había condenado al éxtasis, solo para desviar su atención. 

L- Ay Ufff Joderrrr duele- Se quejó poniéndole puchero a Tina, que la miraba con las llamas de Mefistófeles en las pupilas. Que ardían sin petróleo, sin gas ni gasolina.

*T- Amor y odio. Espadas y pistolas. El ying y el yang. ¿Qué es el placer sin dolor? – Le dijo mordiéndole el labio, apresándolo entre sus dientes, estirándolo. Liana soltó un gemido en la boca de su captora.

*L-No puedo responderte a la pregunta. Es algo muy mío.- Intentó sonar firme, aunque en verdad no se sentía así, ni de lejos.- No había dado tiempo a que cogiese aire, y Tina le cogió del cuello, no tan fuerte como para ser mortal, pero si lo suficiente, como para restringirle el aire.

*T-¿Qué parte de eres mía durante el juego no entiendes? Dime lo que quiero saber, y te tocaré. Mmmm...sé que deseas que te toque.-

L*En serio, no puedo decírtelo.-Tina se apartó de ella, y comenzó a untar el tubo metálico con lubricante, acercándose con una expresión indescifrable en su cara.

*T-Abre las piernas-No le había atado las piernas, le gustaría ver como se removían cuando las azotase con la fusta. Liana no obedeció.

*T- Abre. No lo repetiré.-Liana, seguia sin obedecer, y decidió ayudarle a hacerlo.

*¡Zas!-Tina, le golpeó varias veces, el interior de los muslos con una pequeña varita, aquella se agitaba, y gimoteaba, al final marcó sus piernas de líneas en relieve, líneas que marcaban un Dibujo en Diédrico, sobre el que Tina se imaginaba cientos de besos conformando el dibujo simbólico un corazón ensangrentado. Al final, Liana las dejó abiertas para ella.

*T- Te gusta que te zurren eh. Vas a tener muchas zurras conmigo.- El tubo metálico subía y bajaba por su monte con un solo árbol en la cima, con una cadencia desesperante, corrosiva, insoportable, su clítoris estaba erecto, hambriento de más atención, atención que la catapultaría hacia el cinturón de orión, hacia la nebulosa del cangrejo y al fin, hacia Ganimedes. Estuvo calentándola, durante unos instantes, y la penetró dolorosamente lento, hasta que hizo tope. Liana había cerrado sus ojos, se mordía el labio. Estaba hermosa, tan deseable como Angelina Jolie en Lara croft. Para comérsela y no dejar ni los huesos. Liana que no había pasado desapercibido la frase última, decidió revelarse, un poco de chulería como la de su interrogadora. Su naturaleza era un 45% Sumisa, el resto, rebeldía que gritaba. Su vena peleona se alzó orgullosa y le soltó una frase a su Ama, desafiàndola, aún sabiendo que tenia todo el control sobre ella, le encantaba conducir su ferrari quemando ruedas y acelerando en las curvas, porque no esperaba salir viva de ellas, buscaba la muerte, la anhelaba de la forma màs salvaje.

L*- Das por hecho que vas a ganar, que seré tuya. Pero no has ganado, no vas a ganar. Me concederás el deseo, y seré yo, quien te monte hasta desfallecer.-Y como si fuese una película, y en el mando hubiesen pulsado el mute, todo se quedó en sepulcral silencio. Tina la miraba, con su mano encima de su coño, no dijo nada en ese momento. Pero le soltó un azote a mano abierta ahí, haciendo que Liana botara de la camilla.

T-No puedo creer lo que he oido. ¿Qué es lo que has dicho? Repitelo-Liana no pensaba retractarse de lo dicho.

L*-Lo que has oído.-Sin más lo soltó.

*T- Oh cariño, a lo único que vas a subirte tú es a mí. Si no fuera porque vamos cortas de tiempo, te castigaría hasta que suplicases clemencia a mi merced, pero no es el caso. Dime lo que quiero saber o esto es lo que te espera multiplicado por diez- Sacó un mando del bolsillo de su bata, y comenzó a girar una ruedecita. 

L*- ¡Ahhh! ¡Joder, para!! ¡Detenlo!- Sentía como si una jauría de perros de presa provenientes de esa electricidad le mordían los pechos, y no era lo peor, aquello que tenía penetrándola hasta el fondo del fondo, la quemaba como ácido y por ende, se evaporaría en el humo, pues a este paso no quedaría nada que recoger de ella. Tina estaba haciendo llover desde entre sus piernas una lluvia ácida blanca y espesa. Cachonda perdida, así estaba. También Tina lo notó, pues pasó el dedo corazón por esa raja que tanto deseaba follarse, y se lo llevó a los labios, probando a qué sabia aquella rebelde deslenguada. Agridulce. Quizás... como su vida. La sinfonía agridulce más bonita jamás tocada.

T*- Dios... mmm sabes a fresas, a verano, a frutas del bosque, estoy deseando que seas mía todo el puto fin de semana. Chupa mi dedo, pruébate.-  De nuevo le atizó con esa promesa en toda la boca a Liana. Que parecía reticente al final indiscutible de aquél juego. Detuvo la electricidad.

*T- ¿Vas a responder ahora? Dímelo. Vas a decirmelo.* La clavaba a la camilla solo por como la devoraba sin rozarla si quiera.

L*- NO puedo hacerlo. Es muy mío, te lo repito.-Sin previo aviso, ni palabra alguna, la electricidad volvió a centrifugar como una bestia enfurecida, añadiendo los azotes que Tina le iba regalando en sus pechos, aquello se le iba de las manos, porque ya no aguantaba, porque ella estaba ya en manos de aquella escorpiona que la estaba picoteando sin piedad, la tenia al borde del precipicio. Làgrimas le brotaban de los ojos, las sombras grises, y el rímel, no eran ya más que regueros de ponzoñosa agua.

*L- Te lo diré. ¡Para ya, por favor!- Desesperada estaba, porque aunque Tina vió que tenía intención de hablar, no se detuvo hasta no oírlo de su boca, y aún la hizo esperar con unos segundos de cortesia, cortesia a desesperarla.

*T- Suelta la lengua. Habla.- Jugueteaba con la fusta entre sus dedos, amenazadoramente.

L-Si, vine a esta ciudad, porque huía de algo. De mi pasado. Del recuerdo de alguien que ya no está ni volverá. No podía pasear por esas calles sin verme de su mano hace años. – Inevitablemente lloró, incapaz de contenerse por la vorágine de emociones que sentía. Tina se agachó sobre ella, y la abrazó, pechos  contra pechos, latir de dos corazones sonando como uno solo. Tina estaba demasiado en shock, no solo por eso. Si no porque ahora le cuadraban muchas cosas y del porqué esa mujer, había llamado de esa manera su atención. Esa mujer que decía llamarse Liana, era otra persona. Pero no comprendía por qué mentir sobre su verdadero nombre. El público silbaba, bueno, los que aún estaban atentos y no estaban hartándose de sucio sexo en el suelo. Se enamoró de esa mujer durante años, hasta el día en que las monjas la vendieron a un maniaco que la violó durante noches enteras. Una noche cuando ese miserable volvió a casa, y apunto de atacarla de nuevo, alguien golpeó la puerta, tirándola al suelo, eran 3 hombres, trajeados, que comenzaron a golpear brutalmente al que le había ultrajado la vida desde su salida del orfanato. La sacaron de un mal lugar, para dejarla caer en otro mil veces peor. Al final, le pegaron un tiro entre ceja y ceja. Una ejecución. Sabía que sería la siguiente, en esos casos no se pueden dejar cabos sueltos o testigos. Pero no fue así, el que parecía el jefe, la cogió en brazos, y se la llevó. Ése hombre la salvó. Le dio un hogar, donde aquél hombre la visitaba a menudo, y llegado el momento, la hizo continuar sus estudios en un privado, pagándole todo lo que hizo falta. Pero sin dejarla ir libremente, siempre estaba vigilada y controlada por Papá. Aquél señor, le dió un hogar, no solo uno de ladrillos, sino un hogar de verdad. La hizo sentirse querida, protegida. Le regalaba lo que pedía. Pero exigió algo a cambio. Algo que no estaba dispuesta de aceptar. Se lo dió todo, pero no tenía sentido tenerlo todo si no podía compartirlo con nadie.  Una noche, escapó de aquella casa, y cambio su nombre, por el de Tina. Para años después recibir una llamada que dio un giro que lo cambiaria todo. Ese hombre hacia desaparecido, extinguido. Pero había hecho algo bueno, aparte de morirse. Parecía un ofrecimiento como disculpa a sus segundas intenciones. Como si se hubiese arrepentido de su comportamiento errado con aquella niña mujer que confió en él.

Por eso, sabía que esa mujer a la que estaba interrogando, había cambiado su nombre, porque huía de algo, tenía miedo de ser encontrada. Y no parecía que la respuesta dada, fuese todo. No quería presionarla más por ahora, tendrían tiempo. Y se lo contaría. Y ella le contaría lo suyo.

*T-Perfecto, primera ronda ganada. Después de esto, tenemos una conversación tú y yo. Segunda pregunta.- Miró el reloj, y había pasado media hora, restaban 15 minutos para extraerle la segunda respuesta, esto iba a ser intenso, muy intenso. Volvió hacia la cesta, cogiendo dos cosas. Liana con la mirada empañada la miraba.

*T-Vamos, vamos chic@s, se admiten apuestas- Alzó la voz para animar al público, que miraba la función. En una pantalla comenzaron las apuestas. Nadie apostaba por Liana, excepto dos. Todos sabían que ganaría Tina. La conocían. Sabían que conocía todas las secuencias posibles para sonsacar secretos, para hacer desesperar al soldado más entrenado en el arte de callar. Hasta los monjes que hacían voto de silencio, hablarían en dialectos subidos de tono si la tuvieran encima practicándoles sus maldades de Calígula.

T*-Uy, nadie apuesta por ti querida Liana. ¿Ya te has rendido? Te veo muy callada. No me gusta que estés callada.- Y sin mediar más palabras, sin que Liana se lo esperara, le tiró encima unos cubitos de hielo, junto a su agua congelada.

*L- ¡La madre que te parió! ¡Zorra!- Había perdido los nervios, totalmente. Su boca la perdía en demasiadas ocasiones. Tina soltó una risotada, le ató las piernas, separadas, y le metió dos cubitos en el agujero de su culo, a pesar de sus protestas a ello. Encendiendo al mismo tiempo la electricidad de nuevo, y haciéndole cosquillas por los pies, Liana gritaba posesa porque Orfeo le tocase su lira, que calmase la bestia desatada que era Tina y su legión de dedos que la hacían llorar entre risa y dolor. Un tormento en binomio, conjuntamente matador. La estaba castigando por haberla insultado.

T*-Esa boca te la voy a lavar después con jabón. Basta. La segunda pregunta es esta. ¿En qué empresas te han llamado para trabajar? Quiero los nombres. Me dijiste que tenías dos entrevistas pendientes.-Liana ya estaba tan hecha, vuelta y vuelta, era poco. Era un filete tostao a la plancha, no iba a aguantar mucho más. Pero su niña traviesa, quería divertirse un poco más, y necesitaba más caña. Añadiendo que le encantaba enfadar a aquella diosa, sus gestos de frustración al no lograr que respondiera a la primera, eran deliciosos, tenía que resistir todo lo que pudiera, aunque eso le fuese a costar un poquito caro.

*L-Jajaja Monteblack, y la otra se llama Talamasca.-Estaba guaseándose, no existían esas empresas, pero dudaba que Tina, entendiese o conociese el mundo de las editoriales, la escritura o los libros, simplemente no parecía el tipo de mujer que lee libros, más bien de las que viven en la noche, y la fiesta. Se estaba equivocando peligrosamente. No sabía cuànto.

*T- Esas empresas no existen. No las conozco. Me has vuelto a mentir.- Se sacó otra cosa del bolsillo, algo metálico que fue colocándose en todos los dedos, todo unido por un cablecito. Y sin más, con sus dedos, y sus uñas, recorrió todo el cuerpo de aquella mentirosa compulsiva al parecer, o estaba haciéndolo a propósito. Liana se retorcía y lloraba con ganas, pero nunca dijo la palabra de seguridad. Lo que hacían esas cosas metálicas, era que se calentaban muchísimo, quemaban, y el simple roce, dejaba una marca rojiza a su paso. Fuego sin fuego.  Liana se tragó su rebeldía. Estaba atrapada en una galera romana, remando contracorriente al ritmo que imponía la emperatriz, estaba atada al ariete, viendo como un navío pirata la iba a engullir con sus fauces, y arrastraría su ser hasta las entrañas del fondo oceánico. Su orgullo no podía ganar esta pelea, tenía que rendirse.

*L- ¡AHH AHH! ¡Para por favor, me portaré bien te lo juro!. ¡Responderé a tu pregunta!-La desesperación era palpable en su voz, Tina, fué parando, lentamente, quería darle hasta el último segundo de escarmiento.

T*-¿Te portarás bien, seguro? Mira que el fin de semana es largo, esto solo ha sido un aperitivo. Si te gusta jugar duro, soy lo que buscas. Dame la respuesta. Ya.- Impaciente, pero con voz melosa y juguetona, la acariciaba suavemente por las caderas, posando de vez en cuando algún dedo sobre sus placas tectónicas, que rabiosas estaban causando temblores, terremotos en la selva depilada con aquél árbol coronando la entrada. Estaba jodidamente excitada, esa mujer resistía muy bien sus ataques, se resistía a ella, y no claudicaba, hasta el momento en que estaba claro que tendría que dejarse llevar. Porque Nerón había incendiado sus Romas, porque lo sentían ambas, porque era algo bidireccional.

L*-Tu ganas-Dijo sabiendo lo que eso significaba.- Las empresas son Alteur. y Terkai. 

*T- ¿Ves como no cuesta tanto responder con la verdad?. ¿No tengo que decirte lo que sigue no? Dilo, dilo tú. Quiero oírte.-Y sin esperar reacción o respuesta de su parte, la besó ardorosamente, con lascivia, con pasión y posesión fuera de control. El beso de consolación al perdedor. No la dejó contestar hasta que sus lenguas se hartaron de practicar esgrima y cayeron rendidas. Tina, se sintió más que satisfecha con esa respuesta. Ahora sabía con certeza, que no iba a ser un solo fin de semana. Si no muchos. Pero esa sorpresa se la reservaba para cuando llegase el momento.

T*-Dilo…Dilo que te oigan todos-Le acercó el micrófono a Liana.

L*-Tú ganas. La victoria es tuya.-Tina le pellizcó el pezón que estaba hipersensible por las pinzas eléctricas. Sabía que tenía que añadir algo más. Pero era un poco humillante, por el hecho de admitir la derrota.

*L-Y… seré tuya. He perdido el juego.-Los gritos del público ensordecieron, desapareciendo tras las cortinas que enseguida las dejaron aisladas de todo aquél anfiteatro romano en el que ellas fueron Espartaco y Léntulo Batiato. Espartaco perdió la batalla. Y fue llevado con Batiato como esclavo a su círculo de gladiadores y esclavos. Todo parecido con la realidad que vivía ahora, era de risa, ella se reía hasta en ese momento. Pues a pesar de todo, deseaba estar al lado de esa mujer. 

Fue desatada, y liberada de todos los instrumentos de tortura, para ser recibida por el abrazo de su ahora AMA. No hubo palabras. No se necesitaban. La necesidad hablaba sin la palabra. Eso pensaba Liana, que pensaba que iban a follarse allí mismo, pero para su decepción, su señora tenía otros planes. Con un último beso vampiresco en el cuello, se alejó de ella. Para seguidamente vestirla, si, la vistió como a una adolescente. La volvió a maquillar bien, peinó su cabello como si fuese rapuncel. Y por último trajo un collar. Que colocó en el cuello de Liana con suma delicadeza. Y así, una encadenada a la otra, salieron al bar, a tomar una copa bien fría, pues lo necesitaban, para bajar tremendo calentón. 

Tina la arrastraba de la cadena del collar guiándola hacia un sillón lo bastante grande para estar las dos. La sentó pegada a ella y mandó que sirvieran dos copas de vodka con limón. Algo refrescante. Las ganas de follarsela allí tras las cortinas eran un camino angosto, muy estrecho, apretadísimo, pero fluía con tantísima fuerza, que  cuando la llave de paso fuese abierta, las cataratas del niagra parecerían nimias a su lado.

*T-¿Te has quedado muda? Jajaja-Intentaba relajarla un poco, se había puesto tensa de nuevo, las copas la relajarían y entonces, podría llevarla a su…hogar.-Mientras decía esto y Liana se sonrojaba, la camarera que echo un mirada descarada a su acompañante, les dejó las bebidas, y Tina, le ofreció una de ellas a su ahora sumisa.

L*- Gracias. No, no me he quedado muda, pero estoy nerviosa. Me pones muy nerviosa, y tengo un poco de miedo, nunca he hecho esto. No tan enserio, al menos. He jugado y tal, pero no así.-Se sinceró de golpe y sin avisar. Tina no dijo nada, alzó su copa para brindar.

T*-Por la mujer en el lugar correcto y el momento adecuado.-Y con un dedo le acarició los labios, su boca reclamaba el contacto. Liana, que parecía tener doble personalidad la volvió a sorprender.

*L-Por la mujer adecuada bajo ese vestido.- Dijo mirando a Tina fijamente, y chocando su copa con la de ella. Bebieron un largo trago mientras se sonreían, charlando de todo un poco. La mansión tocó su alarma, iban a cerrar, el sol estaba asomando. Y las copas casi vacías.

+Segunda Escena Fiesta Romana-

•La hora esperada llegó. Tina había vestido a su antojo a Liana. Si por vestir, se entendía el llevar puesta una túnica plateada, abierta por en medio del alfa hasta el omega. Solo cerrada con un nudo justo en su cintura. Sus pechos quedaban casi a la vista, aquella túnica era escotada en demasía. Y ya que decir de lo que le había puesto a modo de braguitas. Un aro de acero quirúrgico rodeando su cadera, y otro extremo que se unía pasándole por debajo de su intimidad. Unió los tres anclajes con un candado pequeño en forma de corazón, y se colgó la llave a cuello. Liana sabía lo que era. Un cinturón de castidad. No podría tocarse, no la tocaría. No tendría placer. Bajó la mirada, algo avergonzaba de llevar esa cosa entre las piernas.

*T-Mírame- Alzó su cara con dos de sus finos dedos, mientras acariciaba fugazmente por encima de su raja tan húmeda como un cornetto de turrón derretido, chorreante, y ahora oculto por el acero del cinturón- Liana rodó los ojos, poniéndolos en blanco, porque el mínimo roce, lo sentía como disparos de un lanzagranadas. Anteriormente la había dejado al borde de un orgasmo brutal, y en la ducha, la había provocado todo el tiempo, sin darle lo que pedía a gritos. Estaba al mínimo de estallar con un soplido, uno solo la haría liberarse. Tina casi la tocaba ahí con timidez, y ella buscaba más, moviéndose contra sus dedos, sintiéndose subir a una noria que se quedaba parada en lo alto, para después girar y girar hasta salir disparada de los engranajes y estrellarse. Pero Tina solo estaba jugando y cuando la sintió lo suficientemente hecha al punto, la abandonó.

L*-Mierda Tina, no puedes hacerme esto, ya basta. ¿No es suficiente?- Error grave. Tina se acercó a ella, y le pellizcó con tanta fuerza el pezón de su pecho derecho, que aulló de dolor, soltándosele una lágrima que murió en sus labios, para ser atrapada antes de ser enterrada por los de Tina.

*T- Mmmm siempre querré tus lágrimas. No vuelvas a insultarme, querida. Y no, no es suficiente. ¿Cómo tengo que explicarte, que nunca tendré suficiente cuando se trata de ti? ¿Aún no te has dado cuenta? ¿Tienes idea de cuánto tiempo he deseado encontrar alguien como tú? Sé que sí, que deseas esto como lo hago yo, y no entiendo a qué viene esta reticencia a mí, cuando sabes de sobra que te mueres por mis huesos. Esta noche, voy a enseñarte porqué me necesitas a tu lado.- Liana, seguía furiosa, pero algunas de las palabras que le dijo, la ablandaron. Sabía que era cierto, a pesar de no entender el porqué estaba prácticamente secuestrada, y por qué alguien que decía quererla actuaba de formas tan temerarias. Tina le daba miedo, pero había algo a lo que tenía que temer mucho más… al demonio que vivía en ella. Tina aun siendo mala a veces, seguía amándola, a pesar de hacerle daño, un daño placentero y consensuado, aunque no daño de verdad, después la cuidaba màs que a su vida misma, pero el demonio…el demonio súcubo la odiaba y quería venganza. Y Tina y el demonio súcubo, convivian en el mismo cuerpo.

*L- Yo… yo también te amo, pero me descolocan demasiado tus cambios tan bruscos, un segundo eres ardiente, y al otro eres un témpano de hielo. Un segundo pareces amarme, y al otro solo parece que no importa lo que siento, que solo soy un objeto de tu propiedad, sin más valor que el de satisfacerte. Me haces no saber lo que sentir. A minutos de amo, a minutos te desprecio por cómo me tratas. ¿Qué es lo que quieres de mí, Tina? No consigo comprenderte- Se había dejado llevar, y había cogido las manos de Tina para ponerlas junto a su corazón mientras le hablaba, Tina la miraba sonriendo.

*T- Sé que no soy la mujer que mereces. Que no soy fácil de entender, soy muy compleja, ya sabrás cuanto, más adelante. Porque no te quepa duda, de que vamos a estar juntas mucho tiempo, no vas a irte a ningún lugar donde no pueda protegerte. Quieras o no. Nunca, me oyes, nunca pienses que no me importa lo que tú sientes, porque te equivocas por completo. Has sido, y serás la única protagonista de mi guión, los demás solo son capítulos y todos mueren por mano del escritor. Solo tú sobreviviste. Entiendo que me desprecies porque me lo gano en más ocasiones de las que me gustaría, pero… ¿No crees que yo siento lo mismo cuando me desafías? ¿Cuándo quieres huir de mí? ¿Cuándo me haces sentir esa frustración, esa sensación de desconfianza y casi de traición? Entiende por favor, debes quedarte aquí. Y cuanto antes lo aceptes, será más fácil, para las dos. Cuando te acostumbres a mi mundo, no querrás volver a ningún otro, porque ya no te sentirás parte de nada más que de lo “Nuestro”- Mientras le hablaba tiernamente, le había colocado un collar de cuero rojo en el cuello, y de cuya argolla colgaba una cuerda, acabada en una gran borla gris marengo. 

*L-No prometo que sea así, pero lo intentaré. ¿Piensas que no tengo miedo de que el súcubo aparezca y clame por su venganza? Claro que tengo miedo, pero no se puede ir con miedo. Si viene por mí, estaré esperándole. No voy a esperar dócilmente a que me mate. Prefiero morir defendiéndome, que esconderme bajo tus faldas, eso no va conmigo, y creo que lo sabes. Solo te pido que me tengas paciencia, también te amo.- Liana abrazó a Tina, quedaron así, susurrándose cositas al oído, exprimiendo los minutos que restaban para subir al Carpe Noctem, y dar el pistoletazo de salida a la gran fiesta romana. No eran las únicas. Selena y León, también se preparaban… y muchos más invitados…


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