❗🔴Aclarar, que... no conozco demasiado de este mundo, solo lo básico, creo, y por tanto, puedo cometer errores. Escribo siempre desde el respeto, solo por y para entretenimiento y, por supuesto, placer. Todos mis relatos, son erotismo oscuro, terror-gore y fantasias, pero no es BDSM como tal, aunque tenga bastantes pinceladas de ello, no quiero confusiones. Aclarado esto, disfrutad de la lectura. Un saludo🔴❗
(Esto, no es una historia romàntica común, si no la de un sàdico asesino que secuestra y tortura, que oculta su naturaleza bajo la apariencia de un àngel, cuando es el diablo, un diablo que al final, se enamora o algo parecido).
•Juegos de sombras decoraban aquellas paredes, en aquella habitación inundada de negrura, solo las llamas de aquellas antorchas daban al ambiente una luz espectral, pero resaltaba mucho más la sensualidad del centro de todo aquél precioso altar, donde una silueta recortada en la oscuridad se balanceaba de un lado a otro. El cabello ondulado y rojo de aquella hada de ojos verdes, rozaba el pedestal de cuero blanco que había bajo ella, su cuerpo estaba totalmente en el aire sacudiéndose entre leves temblores, levitando cual bruja sumida en un hechizo de magia ancestral y antigua.
El suelo apenas iluminado por unos reflejos de luz, estaba repleto de arañas pequeñas, negras y peludas, y brillaba algo sobre ellas, unas gotas de alguna sustancia liquida e incolora, quizás agua, quizás lágrimas.
El silencio era sepulcral, pues él solo había preparado la escena, solo había dibujado el contorno simple de un dibujo de inmensas dimensiones, de colores rojos y negros, los colores de la sangre, del dolor, del placer.
Sus manos portaban el lápiz de gráfito, carboncillo, y también, los colores, las sombras y acuarelas, que abocetarían, dibujarían y pintarían, ese diamante que colgaba cual regalo en ofrecimiento a los dioses más antiguos, en especial a Hades, Ares, Poseidón, Afrodita, y Atenea.
Sentado en las alas de la oscuridad, observaba sin perder detalle aquel hermoso cuadro mágico que tenía ante sus ojos, para beberlo y quedarse con esa imagen grabada en las retinas, en su memoria. Y claro, para devorarlo, pues un manjar ofrecido a los dioses, jamás se niega, él debía consumarlo todo, debía llevar a cabo el sacrificio, ser el azote de los dioses contra aquella pecadora que él había ofrecido por sus pecados a la ofrenda de las lágrimas y el fuego.
Porque él mismo, era la reencarnación de un dios, Hades. Dios y Señor De Los Infiernos.
Al comienzo, decidió probarla, provocarla, intimidarla, hacer que temblase sin que él la tocase. Y eso lo consiguió enfrentándola con sus miedos, haciéndola vérselas con sus peores pesadillas, en definitiva, había torturado y mutilado su cuerpo, su cerebro, y alma, hasta desquiciarla, o al menos, lo intentó, solo ella habia llegado tan lejos en sus garras afiladas. Las demás, estaban emparedadas en las paredes de su mazmorra, enterradas cuando aún respiraban. Oyó cada uno de sus gritos, con deleite absoluto hasta que se consumió su aliento vital. Afortunadamente, todo estaba insonorizado. ¿Porqué nadie denunció las desapariciones? Fàcil, porque sabía escoger a sus victimas, a las que nadie echaría de menos, algo muy típico entre sus iguales, hermanos del crimen. Las seducía, las cautivaba con su labia envolvente como un lazo de terciopelo sobre sus cuerpos ardiendo en deseo. Caían como tontas, ante su carisma y su "Gran"... magnetismo.
Le estaba dando el tiempo justo para que empezase a desesperarse, preguntándose qué vendría ahora, jugando con su mente. Amaba su sucio y macabro juego...
La carne le gustaba cocinarla a fuego lento, que estuviese bastante quemada y ardiente.
El crujido del sillón de cuero al levantarse fué lo único que rompió aquél imperante silencio, el sonido de sus pies descalzos al pisar el suelo, al arrastrar sus pies, el trueno que rasgó un cielo nublado, en el que el màs mínimo ruido, se escuchaba amplificado por mil. Sus pasos se fueron apagando hasta quedar justo bajo ella.
Donde sus dedos, ya rozaban sus suaves cabellos de rubí, jugueteaba con ellos entre sus ágiles y largos dedos, dedos hábiles y diestros en las artes oscuras de lo prohibido, manos de escultor, de músico, de pianista, manos de escritor, poeta o artista.
Sonreía enigmáticamente, una sonrisa ladeada, quizás la sonrisa gemela de La Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci.
Esa sonrisa, era verdadera. Esa sonrisa era digna de que le rindiesen culto.
Sus ojos eran dos esmeraldas con reflejos de soles de miel, en un atardecer invernal. Y aunque lucían siempre apagados, con aquellas marcas negras bajo ellos, en esta ocasión un brillo, cual rayo, casi imperceptible, cruzaba aquellas lunas llenas, que tantas caras ocultas parecían tener.
Se llevó un mechón de su pelo a los labios y aspiró su inconfundible aroma. Cerezas.
Su piel suave, sin perfumes añadidos, tenía aroma propio, su aroma de mujer, era dulce y embriagador.
Le enloquecía su aroma, más aún de lo que ya estaba, más de lo que ella le hacía enloquecer con sus constantes desafíos. Y a él le enamoraban los desafíos, odiaba las cosas simples, prefería nadar en los lagos más profundos de las personas, indagar sobre los montes, laberintos y cuevas de la mente, descifrar cada secreto, cada pensamiento, cada sentimiento íntimo de aquellos a los que él elegía para estar a su lado. A su lado. Pues quien no estaba con él, estaba en su contra.
No dudaba en aplastar a sus enemigos en un abrir y cerrar de ojos, pero ella, aun habiéndole agredido, dos veces, se había vuelto un sujeto demasiado interesante, la observaba a escondidas, viéndola mirando la pared con los ojos fijos, pero no estaba allí, ella estaba en sus mundos propios, en los que él quería nadar de su mano, la vigilaba cada noche al verla escribir. Ella era el centro de su mundo, pues aunque tenía más sujetos de estudio en otras salas, no le resultaban tan atrayentes como ella, ella, era su protegida, era su diamante, porque nada había conseguido romperla, le había infligido los tormentos más horrendos, la había hecho agonizar hasta el borde de la locura, pero ella seguía impenetrable bajo aquella dureza con tintes de fragilidad, la fragilidad de una flor silvestre. Por eso la consideraba su diamante, pues los diamantes son los más valiosos por su belleza.
Y aún más importante, por su fragilidad, y su dureza. Solo un diamante puede contener esos dos elementos unidos en equilibro, fragilidad y dureza en su composición.
Solo un diamante puede romper otro diamante, quizàs...esto era una premonición, quizàs.
Se había quedado perdido, adormecido con aquella droga aromática de agua de azahar, que acariciaba con sus manos, ella gemía débilmente, pues no podía hacerlo de otra forma.
Y-No vas a oír nada, durante el castigo, ni siquiera mi voz, escucha atentamente mis palabras, después no habrá más. He decorado el suelo con lo que “Más” te gusta, para que ni pienses en querer bajar al suelo ni por un instante, no te bajaría de todas formas. Como te dije antes, no sabrás qué te haré, quizás un azote con la mano, o con la fusta, o quizás pruebes un nuevo juguete que he hecho especialmente para ti. Imagina una garra afilada acariciando tu cuerpo, pero no solo una garra.
”Mi garra Alkian” Te voy a explicar solamente lo que es, pero lo que hace sentir, me lo tendrás que describir cuando acabe el juego. Quiero que después, escribas absolutamente todo lo que has sentido, quiero que lo hagas de tu puño y letra, quiero que no te reserves nada y te desnudes para mí, por voluntad propia. Hazlo, y te recompensaré entregándote algo que sé que deseas, una salida, un baile, o una cena, no lo hagas, y lo que va a pasar aquí, te parecerá una broma, en comparación a lo que ocurrirá si no te entregas a mí en la hoja de papel, y la tinta, que serán el testigo del culto a los dioses, pero te aseguro que si no lo haces, lo que te ocurrirá será tan real como real somos Tú y Yo, aquí y ahora.
Dicho esto, te explico en que consiste mi divina garra. Es de plata, hecha a medida para mi mano y mis dedos, nadie más puede usarla más que yo, pues solo reconoce mi huella digital y mi ADN.
Sí, es ingeniería avanzada.
Y-Vale, sé que el nombre no suena aterrador ni intimidador.. Ah, casi me olvido, me tienes tan encendido y enfadado al mismo tiempo que no me acordaba de mi otro pequeño regalo para ti, Tornado. Verás, la explicación no es necesaria, ¿Ya sabes lo que hace un tornado, no? En breve lo averiguarás.-Pellizcó con fuerza uno de sus pezones, y se dió la vuelta hacia la mesa donde tenía todo dispuesto, limpio, higienizado, desinfectado.
Estaba deseando comenzar el ritual, seguido del castigo, y culminar el acto rindiendo culto a su dios, Hades. Que dentro de él, se agitaba y le daba órdenes telepáticamente.
Y él le obedecía, le debía todo lo que ahora tenía, su poder, que crecía por segundos, su guardia blanca estaba creciendo en número y fuerza, pero todo eso no se lo contaba a ella, pues no quería alterarla más, aún menos observando su reacción cuando le confesó quien era realmente y lo que pretendía, no estaba lista, tenía que prepararla para su señor, poco a poco, ir conquistando cada rincón de su ser, una vez lograse eso, le mantendría al tanto de su plan, mientras tanto, no. No podía arriesgarse. Ella era muy importante para él, sí, pero no solo por eso la cuidaba con tanto ahínco, sino porque Hades la quería para él, la necesitaba.
Era la elegida.
Aunque había una pregunta que no podía silenciar en su mente.
Pero no eran momento para pensar en ello, no ahora.
Tenía que estar con todos sus sentidos puestos únicamente en ella.
Vista, tacto, oido, olfato, lengua, piel y alma.
Y dejó de pensar y hablar consigo mismo en su cabeza, para continuar escogiendo los primeros objetos.
Un objeto de apariencia flexible rotaba en sus manos, rotaba cual torbellino enloquecido, producía un zumbido similar al de una abeja al volar cerca del oído.
Lo lubricó con un gel transparente, y fue con paso decidido hacia ella, que aunque no veía nada, al escuchar sus pasos apresurados comenzó a agitarse levemente entre la red de cuerdas que la tenía atrapada. No tenía miedo ya de las pequeñas arañas negras que rondaban paseando por el suelo, ahora estaba empezando a temer a la araña que estaba presionando con sus dedos sobre la entrada a su mundo de luz. Él era el emisario de la oscuridad, ella era un ángel de luz, el perfecto eclipse entre luna y sol.
Y-¿Así, que estás mojadita eh? Niégalo si te atreves, ah lo olvidaba, no puedes hablar.-Su tono burlón con tintes irónicos era difícil de igualar por nadie.-Mientras le hablaba, ahora que aun podía, le estaba insertando a presión a Tornado, lentamente, no quería hacerle daño antes de tiempo, tenía mucho por delante. Una vez notó que hacia tope, se detuvo, y accionó la palanca que tenía el juguete. En ese instante hubo un sutil cambio en el ambiente, pues aunque ella no podía hablar ni emitir sonido claro, se le escuchaba jadear y apretar todo su cuerpo.No serviría de nada que hiciese eso, el tornado arrasaría con ella, solo había empezado a formarse, era un bebe de lobo recién nacido, pero una vez alcanzado su máximo potencial, le arrancaría las entrañas con sus dientes y provocaría el derramamiento de los manantiales que se situaban en sus jardines de las delicias.
Se posicionó donde se alzaban sus nalgas, expuestas ante él cual banquete griego de frutas, pero esas frutas tenían que tener más color, y él comenzó a pintarlas de color bermellón.
Era un castigo artístico.
¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!-El estallido de la fusta al lamer su piel era música celestial para sus oídos.
Aquél ritual era casi místico.
Los alternaba junto a caricias y pequeños masajes, pues aunque le azotaba fuerte y sin compasión, no por ello se olvidaba de cuidarla en el proceso, nunca le haría eso.
Era disciplinado con el mismo y con ella, pero también muy protector, por varios motivos eligió ser médico, y después se especializó en psicología, le gustaba proteger, o ayudar a las personas, eso era una parte de sus mil facetas, pero no permitía que saliese al exterior.
El cuello de ella goteaba saliva cual fuente, sus gemidos eran incontrolados, sus gritos parecían un alfabeto extraño, nada era entendible, solo había un lenguaje que se comprendía y reinaba, y era el lenguaje de la tensión sexual que empezaba a crecer descontroladamente.
Mientras la azotaba con una mano, su mano derecha, con la izquierda alcanzó el mando a distancia de Tornado, y le dio una vuelta completa a la ruleta de potencia, el volumen de los gemidos era tan alto como altas las galaxias.
Pero eso no era más que un aperitivo, entonces cambió la fusta por sus manos.
¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf!-Alternando con ambas manos, le golpeaba con dureza y al mismo tiempo la masajeaba con suma delicadeza, pero por más dulce que pareciese, cada vez subía más en su fuerza y rapidez, ella se sacudía, la tensión de sus músculos la hacía casi subirse hasta la argolla de donde estaba amarrada. Fueron 30 azotes de fusta, y 20 con las manos.
Su polla estaba tan dura como una espada de acero, una espada que quería hundirse en ella y derretirla como mantequilla, queria darse un chapuzón, por todos sus pozos calientes, que estarían clamando atención, suplicando que aquella espada los ensartase hasta la empuñadura. Pero aún no era tiempo, no. Ella estaba casi en el punto donde él la quería, casi, aún tenía su último golpe maestro para hacerla literalmente pedazos, en el sentido de que no la dejaría volar, tal como le prometió, hasta romper el limite establecido.
Su cuerpo que era un manto de nieve resplandeciente, se transformaba ràpidamente en un rojizo atardecer primaveral, que brillaba con pequeñas gotas de sudor, las cuales le recorrian la piel descendiendo por toda ella como meteóritos derretidos al entrar en contacto con la atmósfera terrestre.
Envidiaba a esas gotas de sudor, en ese mismo momento.
Pero no podía ser.
Ése era un castigo pensado para corregir y disciplinarla, no para darle el placer que ella ansiaba, aunque él ardía cual faro emmedio del océano y deseaba complacerla, no cedió ante su capricho, deseaba complacerla, pero se mantuvo firme e inició la parte final del proceso.
♦️Y no, no se consideraba un amo como tal, no consideraba ni de lejos lo que tenía con ella, y con los otros sujetos, como BDSM. Para nada.
Simplemente había escogido las pràcticas que más le gustaban y las habia llevado a su terreno más perverso, pues una relación de ese tipo, de BDSM, auténtica, se basa en el consentimiento mútuo, sin ello, no existe, solo es maltrato puro y duro, humillación, sin adornos. (Un inciso de quien escribe. Yo, no conozco mucho de este mundo, seriamente hablando, solo lo que leo, oigo y veo de personas que sí están en ese mundillo, pero creo que por ahí van las cosas, no lo sé, no me mateís por ello, quienes si entendeís del tema o perteneceís a ese mundo).
Ésa, es la verdad desnuda. O al menos, lo que me parece.
Pero algunas personas, no lo ven. Las diferencias son abismales. Saber distinguir lo que es puro, de lo que está corrompido, te puede salvar...tu paz mental, tu estabilidad emocional y hasta en ocasiones...tu propia vida. Aplícalo a alimentos, bebidas, situaciones, personas.
Lo peor, es que, muchos, por creer en ciertos....supuestos amos, o amas, se habrán dado de bruces contra maltratadores, manipuladores e incluso algo peor, pensando que éso era BDSM. Cuànto daño hizo...cierta historia. Aunque a él, Yulent, precisamente, un asesino despiadado, eso le venia como anillo al dedo, conseguía victimas fàcilmente. (Él, era el ejemplo claro, de que, nunca sabes quien está tras las pantallas, o si es quien dice ser). Tu peor pesadilla puede llegar tras cumplir una fantasia. Cuidado.
Él, tomaba lo que le daba la gana. Querer, coger, tener, punto. Era lo que era, un desalmado, un sincorazón con gustos perversos, y punto. Lo que hay, es lo que ves, esto soy, es mi naturaleza ser malvado y vicioso.
Por lo tanto nunca osaría llamar BDSM a lo que hacía. Recalco esto, por si aún seguimos con la cancioncita. Piensa, piensa, que la sal y el azúcar, parecen iguales, pero no lo son, lo mismo aquí.
Ésa era su opinión, y nada más. Respetaba todas las demàs aunque no las compartiese. Pero como se dice, la razón, solo tiene un camino. Ah.
Él era un sàdico, un sátiro, un asesino ritual, un asesino serial que se valia de engaños, de seducción y artimañas, para atraer victimas a su telaraña.
Tenía muy claro lo que era, y lo que no.♦️
Se consideraba versàtil, podía adaptarse a cualquier situación, sabía conducirse perfectamente, era un camaleón que conocia los secretos de un conjuro especial. El camuflaje.
Podía hacerte creer que era una cosa, y en realidad solo era una ilusión, un espejismo.
Mientras pensaba todo esto, una lluvia de azotes procedentes de sus propias manos, la excitaban, la castigaban, y la mojaban por dentro. Los truenos restallaban como làtigos sobre su piel llameante, y el viento del dolor la hacía mecerse cual sirena indefensa y enredada en aquellas redes de nudos marineros, que se estaban fundiendo con ella.
Que la sostenían en lo alto, al pagar el precio de dejar sus preciosas marcas pintadas magistralmente en el lienzo virgen de su cuerpo.
Cesó de azotarla, y salió despacio de la sala, para ir a buscar su garra, ya que la guardaba en un lugar seguro, era uno de sus objetos de valor incalculable, le había costado una fortuna.
Una caja fuerte, oculta tras un cuadro, lo típico, tecleó el código secreto, y la caja se abrió.
Sacó la garra y se la fue colocando despacio, con tacto, era de aspecto robusto, pero no quería arriesgarse demasiado a poder romperla con cualquier movimiento brusco.
Le quedaba como un guante, nunca mejor dicho. Activó la pequeña pantallita de control táctil, que le permitía controlarlo todo, y lo primero que le salió en la pantalla fue un red verde donde se veía la palma de su mano completa, un escáner que comprobaba sus huellas, y su ADN. Vip. Sonido de confirmación. Enseguida aparecieron los comandos de cada dedo en la pantalla, estaba listo y configurado. Salió de allí emocionado cual niño pequeño que va a estrenar un juguete esperado por mucho tiempo, esa ilusión se reflejaba en su cara, pero el fuego seguía creciendo a pasos agigantados y no sabía cuánto podría controlar el fuego, lo estaba intentando, pero sabía que era una batalla perdida.
Después escogería su premio de consolación.
Se detuvo antes de entrar por la puerta entreabierta y la observaba desde allí, el antifaz que le había puesto se le había doblado de un lado y la hacía parecer ridícula, pero a él le pareció solo gracioso y adorable, se río por lo bajo. Llegó hasta ella y con un gesto rápido le arrancó el antifaz, y se produjo un terremoto provocado por el choque de dos miradas que se lanzaban cuchillos deseosos de clavarse en sus pieles sudorosas y hambrientas del contacto que ambos ansiaban. Y por primera vez, en toda la sesión, él le habló en susurros, cosa que a ella la encendía como el licor quemando en su garganta.
Y-Veo que resistes bien, aunque no tengas más opción, claro está, ahora quiero que me mires y no dejes de mirarme ni un instante, voy a quitarte la mordaza, pero no quiero ni una palabra ¿Entendido?.-Ella asintió con la cabeza levemente, no le quedaban apenas fuerzas.
Y-Voy a enseñarte, y presentarte a mi garra, ella está deseando conocerte, no sabes cuánto, sé educada y dale un beso.-Puso su mano junto con la garra pegada a sus labios, para que ella la besase. Lo hizo con tal devoción, que él sentía una presión muy dolorosa en sus huevos, estaban tan cargados de leche caliente, que le quemaban, y ese ramalazo de dolor se extendía a lo largo de toda su espada.
Y-Mmmm me lo estás poniendo tan difícil, ¿Sabes? ¿Sabes lo mucho que me cuesta controlarme contigo? ¿Eres consciente de cuán loco me vuelves? ¿Sabes lo mucho que me gusta castigarte, y que me desafíes como solo tú eres capaz de hacerlo? ¿Te das cuenta de que a pesar de que soy duro contigo, me haces sentir….?-Se había dejado llevar demasiado, demasiado lejos, pero lo que estaba sintiendo hacía tiempo, se estaba empezando a desbordar por todos lados, solo una vez le ocurrió algo parecido. Por ella, por la mujer que amó y que le traicionó…no podía estar pasándole esto, no podía permitirlo, tenía que actuar y meterse en su papel, fuera el corazón. Que solo hablase el deseo y la incandescente pasión del lobo solitario en que se había convertido.
Pero un lobo sin su manada, no dura mucho, solo se encuentra la compañia de la soledad,y pronto, la muerte.
Ella al oír esas palabras, desafió su orden de silencio, y mirándole fijamente y sin un solo parpadeo le respondió.
-Déjame hablar, por favor necesito decirte algo también.-Él asintió dándole permiso para hablar.
No sé lo que provoco o no en ti, pero ya que te has sincerado, lo haré yo, no ahora, pero te doy mi palabra de que te escribiré todo, absolutamente todo lo que he sentido contigo, en este momento. Aunque seas un cabrón, has cuidado de mí, y me has dado algo que jamás pensé que necesitase, porque no sabía que esa necesidad estaba viva muy dentro de mí, tú la despertaste, y ahora soy yo quien te necesita a ti, aunque a veces quiero huir de ti, te pido perdón sinceramente, no porque me estés castigando, sino porque mereces que te pida ese perdón, acepto mi error, y prometo que intentaré no repetirlo, Mi Lord.-Él durante todo el tiempo que ella le confesaba aquello, sentía una emoción que le sacudía por dentro, sin quererlo sus ojos se humedecieron, pero parpadeó para que desapareciesen las lágrimas que no pensaba dejar escapar. Se acercó hasta estar a mm de ella y cogiéndola de su cabello, sujetando su cabeza, la besó, dejando escapar las lágrimas que antes había detenido.
Un beso que decía lo que las palabras no podían decir más claro, un beso tan tierno, tan lento, tan torturador, que el tiempo quedo atrapado en su hechizo, solo hubo algo que rompió ese instante maravilloso, el beso se rompió porque Yulent, el doctor, comenzó a gritar preso de una violencia que no era propia de él, era violento, pero no así, no de esa forma tan animal.
Ella se había quedado en shock, mirándole, hasta que reaccionó.
-¡Desátame! ¡No puedo ayudarte estando así! ¡Me estás asustando mucho!, ¿Que te ocurre? Joder! ¡Mierda! ¡Bájame de aquí ¡-Gritaba histérica, las cuerdas se balanceaban como locas haciendo crujir la argolla peligrosamente, mientras él estaba pegando golpes a todo, cautivo de una furia desatada imposible de controlar.
Y-¡No! ! No! ¡Ahora no!!-Solo gritaba esas palabras, él sabía lo que ocurría, y lo que seguía a continuación, no quería, había cometido el error más grande de toda su maldita vida, esto solo tenía una explicación. Que no leyó todo el pergamino que acompañaba la piedra donde Hades estuvo prisionero durante siglos. Algo que pasó por alto, un descuido tal vez.
Hades estaba empezando a romper la cárcel carnal de su cuerpo, saldría de él, para poder ser espíritu, pues ya poseía suficiente poder como para crearse un cuerpo físico a partir de materia y energía, ya era lo bastante fuerte como para eso.
Eso en parte le alegró, pero no estaba seguro de si él salvaría la vida cuando hades al fin se liberase, o le mataría en el acto.
Todo en sus ojos se tornaba difuso, sus huesos parecían querer salirse de su piel, cayó al suelo entre gritos agónicos y temblores, y con un último grito desgarrador, su cuerpo se elevó del suelo como si una fuerza sobrenatural le hubiese alzado rápidamente, sus brazos estaban abiertos y su boca aún más abierta, más de lo humanamente posible.
De su boca, comenzó a brotar algo parecido al gas, brillante y extrañamente azul, lentamente enfrente del doctor, se fue formando otra silueta, compuesta por ese gas azul, misma estatura, misma complexión, ella lo miraba todo intentando pensar que ahora si estaba completamente loca, que esto no era real, y no podía huir, Yulent la había dejado allí sin posibilidad de escapar.
-¡Dios, si existes, por favor, sálvame, te suplico por primera vez en toda mi jodida vida!!-Gritaba poseída por el miedo y el pánico, y también por el sufrimiento de ver al doctor siendo víctima de algo que no era de este mundo, algo demoniáco, rezaba porque aquella cosa, no les matase. Dejó de pensar, bloqueada totalmente porque con sus propios ojos, estaba presenciando como ese gas azul estaba tomando la forma idéntica del doctor, eran exactamente iguales, ambos abrieron los ojos en el mismo instante, sus ojos eran negros, totalmente negros.
-¿Quién eres tú?-Ella a pesar de estar aterrada y deseando meterse bajo la manta de su cama, pensando que así se libraría de aquel ser, no titubeó y lo enfrentó. El ser que estaba frente al doctor, giró su cabeza y le dedicó una mirada tan penetrante que ella bajo la mirada porque no soportó tal intensidad. Entonces sintió como una corriente de aire caliente,la tocaba dejando un rastro de fuego en su piel, abrió los ojos,pensó que había sido él,pero ese ser no se había movido de su lugar.
¿Cómo era posible? ¿Si le acababa de sentir tocándola? En verdad se estaba volviendo loca, le quitaría la corona al doctor loco a este paso. Entonces volvió a mirarle, y él vino hacia ella rápidamente, y sin que ella se lo esperase, sintió como la penetraba con brutalidad, la rompió en pedazos,demasiado grande y largo.
-¡!Nooooooo!! ¡! Por favor detente!!-Lloraba desconsolada, no solo porque aquel ser la estaba poseyendo como una bestia, sino porque vio algo que le rompió el corazón.
El doctor estaba mirándola a ella, su cara desencajada no expresaba la más mínima emoción, pero de sus ojos caían lágrimas de sangre, y ella sintió su dolor, porque estaba sintiendo lo mismo.
Ella no deseaba pertenecer a nadie, más, solo deseaba ser suya. Solo quería ser su paciente, su desafío eterno, su desayuno con aroma de chocolate y su postre cada día.
-¡Detente, ya! ¡Para!-Fue extraño, pero en ese momento el ser que la estaba poseyendo parecía estar inmerso en una lucha mental, se detenía y seguía, hasta que al final se detuvo, ella le miró, pensando en que parecía que le había obedecido, pero no estaba segura , visto lo visto, todo era posible. Lo intentó de nuevo.
-Desátame, te lo ordeno.-Y su deseo fue cumplido de inmediato, el ser idéntico al doctor, la desató y la dejó en el suelo con cuidado, su cara estaba tensa, no parecía estar contento.
Pero eso a ella no le importaba ,fue corriendo hacia Yulent,que estaba en el suelo y había caído sin freno a él cuando el otro ser fue con ella, pero parecía no estar allí, si no que tenía la mirada perdida en algún pensamiento demasiado intenso ,algo como….
Que aunque no lo admitiría nunca, sentía lo mismo por ella, no había vuelto a desear entregar las llaves de su libertad, las llaves de su celda, a nadie desde lo de Leiza, pero desde que raptó a aquella mujer, y la fué descubriendo pétalo por pétalo, las puertas de su manicomio quedaron abiertas para ella.
Y ahora que la había hecho esclava de sus delirios, no la dejaría marchar jamás a menos que ella, realmente deseara marcharse. Él, había cerrado las puertas de su alma con cadenas, cuerdas, candados, y conjuros de magia negra, y entonces...llegó ella, siendo una llave maestra. A veces, se odiaba por haber tenido que conocerla así, ojalà se hubieran conocido en otras circunstancias, sin duda, la habria cortejado, la habria conquistado, con la parte que aún estaba intacta dentro de su ser, con la única parte, que aún sentia amor.
Solo un loco puede amar a otro loco.
Él era su Joker, y ella era su Harley Quinn.
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Repentínamente, él, volvió a la realidad,y escuchó como un grito nacido desde las profundidades de la tierra, hizo temblar las paredes de toda la sala, y ella fue testigo de como del cuerpo gemelo del doctor, aquél ser, salieron unas enormes alas ensangrentadas, plumas negras como el carbón. El ser la miró por última vez con un profundo odio, y alzando sus alas, rompió el techo y salió volando hasta perderse entre las nubes negras de esa noche tormentosa.
Hades.Lucifer.
El ángel de las tinieblas era al fïn, libre.
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