viernes, 5 de mayo de 2023

Trío de la reina.Relato Terror Erótico.🔥✍️

❗🔴Aclarar, que... no conozco demasiado de este mundo, solo lo básico, creo,  y por tanto, puedo cometer errores. Escribo siempre desde el respeto, solo por y para entretenimiento y, por supuesto, placer. Todos mis relatos, son erotismo oscuro, terror y fantasias, pero no es BDSM como tal, aunque tenga bastantes pinceladas de ello, no quiero confusiones.  Aclarado esto, disfrutad de la lectura. Un saludo🔴❗

+•Ese trío era un exquisito bocado de sensualidad, de placer visual y sensorial para todo aquél que lo observase, imaginase o describiese, como esta escritora que narra por orden de su sucia mente. Tengo el corazón puro, aunque esté cerrado, pero poseo una mente demasiado sucia y pervertida, solo que antes, no me atrevía a mostrarla, queridos lectores. Fóllame la mente, viola mis deseos y pensamientos, fóllame el cerebro y mi cuerpo será tu templo, todo en ese mismo orden. Aquí os regalo este capítulo de alto voltaje sexual y sensual. No os entretengo más, os deseo un feliz viaje a través de estas letras, y que vuestro barco se inunde de orgasmos y sensaciones, como me ha ocurrido a mí, escribiendo todo esto, que es mío, y ahora también, vuestro. 

Dos mujeres, un hombre, y un destino. Katryce se hallaba en el suelo, desnuda, con la piel de tonos rojos por las pasionales caricias que le proporcionaban sus dos amantes. Encima de ella, Milena la cabalgaba meciéndose suavemente, adelante y atrás, dibujando círculos invisibles con sus caderas, buscando más profundidad con la polla de Katryce, necesitaba más, sentirla tan dentro de ella que no quedase un rincón interno sin marcar por su brujería. Al principio, notó que sus puertas no podían soportar viajero tan inmenso, pero la insistencia y las ganas, pudieron ante el dolor, y lentamente, ese viajero logró cruzar las puertas, victorioso y ansioso por llegar hasta las costas de esas tierras desconocidas. Yulent, tras ella, estimulaba su ano con la lengua y los dedos, con dulzura, como si tuviese todo el tiempo y la paciencia del mundo, ya que estas cosas requerían tiempo, para que fuesen realmente satisfactorias para todos, y él ahora mismo, buscaba complacerlas a ambas. Amaba dar placer a  una hermosa mujer, escuchar sus gemidos, quedarse con el recuerdo de sus caras cuando las lanzaba volando al cielo y ellas eran la estrella más brillante, que caía desde el cielo, para hacerse polvo antes de lograr llegar al suelo, nunca las dejaba llegar, pues aún sin haber llegado, comenzaba a elevarlas de nuevo, a veces le suplicaban compasión,  y otras, más y más.  Él no obedecía a ninguna orden o deseo, solo obedecía a sus propios deseos. Y no cesaba, pues él era el piloto aviador, y quien subía a bordo de sus noches, tenía que soportar las turbulencias, y tormentas. El fuego comenzaba despacio para Milena, con una pequeña chispa apenas perceptible, para tiempo después, empujarla al averno infernal, esa era una de sus formas de jugar predilectas. Tanto de Katryce, como de Yulent. Que le tenía inmovilizada desde atrás, atrapando con sus manos, los brazos de Milena tras su espalda, su cara era sostenida por una mano de Katryce, que la besaba sin cesar, apenas dejándola si quiera coger aire, parecían dos adictas a los besos que podían matar por robar el aliento de esa forma. Su culo, antes pálido, era ahora una fresa con las marcas características de las semillas, para Milena esas marcas, eran por las uñas afiladas de su Ama, que se las hundía en su culo, como si quisiese agujerearlo, esas marcas, también eran por los 60 azotes que había recibido hacía apenas unos minutos, y mientras era azotada, ese hombre estaba arrodillado, masturbándose mientras se las comía con los ojos y se mordía el labio inferior con una sonrisa hambrienta en sus labios, los cuales sangraban, por el beso con mordida que Katryce le había dado, sintiendo el sabor de la sangre en ese beso, eso a Katryce le encendía. 

Milena danzaba ahora frenéticamente,  al ritmo marcado por sus dos jinetes, que la montaban cual yegua salvaje.

El, se metía y salía de ella, balanceando su cuerpo con la ayuda de sus fuertes y torneadas piernas. Le soltó una de las manos, para susurrarle al oído, que se tocase, no le importó que solo fuese un invitado, se tomaría las libertades que quisiese. Mientras Milena se estimulaba, su Ama besaba su cuello, mordiéndolo fuertemente, le retorcía los pezones con su boca, los devoraba en sus labios, la velocidad aumentaba por ambos lados, y los gritos inundaron aquella sala. La estaban torturando hasta  volverla loca, de la forma más bonita en que se le puede volver loca a una mujer, haciéndole el amor, follándola como nunca la han follado, haciéndola sentir amada y deseada, eso pensaba Katryce, quien pensaba confesarle momentos después, lo que sentía por ella, pero ahora tenían muchos deberes por hacer. Yulent, miraba el cuerpo colgante de Leiza, que se hallaba crucificada en una cruz de san Andrés de madera de roble. Ese cuerpo estaba repleto de graves heridas, quemaduras de segundo grado y algunos trozos de su piel, habían sido arrancados y estaban en el suelo hechos jirones. Admiraba las primeras pinceladas de su vendetta, sabía que tenía que continuar Katryce no le decepcionaría, o al menos eso esperaba. Se dejaba guiar por los embistes fieros que ésta le daba a Milena, y al final los 3 parecieron bailar al mismo son y compás. Cuando sintió que aceleraban, él les siguió el ritmo. Ella, había cogido del cuello a su esclava, y mirándose ambas a los ojos le susurraba.

K-Correos para mí.-Dejó de sujetar a Milena por el cuello, y guío su cabeza para que reposara sobre su pecho, entonces la agarró con posesión de las caderas, y la hizo bajar a presión, apretándola hacia abajo y chocando sus coños húmedos y calientes, la base de la polla ya no era visible. A los segundos, se corrían ambos  por orden de la reina, arrasados por una bomba atómica.

M-¡Mmmm Joder! ¡Sí! ¡Dame más!-Se había olvidado de su posición, pero enseguida la recordó, pues su Reina se detuvo, y Yulent lo hizo también. Entonces, Katryce, agarrando de la barbilla a Milena y rompiéndola con su mirada, sometiendo a la suya, la devolvió a su lugar.

K-¿Quién manda aquí? Recuerda, que solo yo decido tu destino.-Apretó más, para que le respondiese. Milena, se mordió el labio, porque sabía provocar a su Ama deliberadamente, le encantaba desafiarla y sufrir sus castigos divinos.

M-¿Mando yo? Es broma, mi Ama, tú mandas.- Y soltó una carcajada en voz baja. No hablaba enserio, en realidad se estaba burlando de ella un poquito, sabía que a veces Katryce podía ser muy sádica y malvada, pero eran el complemento perfecto. 

🔺Una masoquista, que amaba las artes siniestras de su diosa, a la que veneraba con delirio, y con amor. Estaba perdidamente enamorada de la Reina, de su Ama, así le decía ella, porque quería, porque le entregó su libertad por voluntad propia, y sabía, que si se la pedía de vuelta, su Ama, se la devolvería, pero eso...sería romperse el alma, y realmente, desde que la conocío, la Reina, la habia hecho sentir màs libre que nunca, y fué porque la ayudó a liberarse de esas partes de si misma, que la aprisionaban, manteniendola cautiva de si misma. Katryce, siempre le decía estas palabras...🔺

♦️K-Amo ver y sentir como te entregas a mí, pero me vuelve loca, ver como te liberas de tus cargas y que puedas volver a volar. Tus alas, me enamoran, y nunca, te las voy a cortar, no te limitaría, te alentaría, como lo hago, a que subieses de nivel, a que fueses la mejor versión de ti misma, nunca te rebajaría o te haría sentir de menos, al contrario, quiero hacerte sentir grande, que te sientas así, porque eres grande y hermosa, así es como yo te siento y te veo, si tan solo pudieras verte desde mis ojos, entenderías cuànto te quiero y porqué tengo millones de razones para hacerlo. Así que, señorita, me encanta que seas mía, porque ése, es tu deseo y es el mío también, es nuestro deseo y lo cumplimos, pero me encanta aún màs, ver como te amas, verte tan tuya, y poder ser testigo de ello, sentir orgullo y agradecimiento, solo por el hecho de tenerte en mi vida y formar parte de la tuya, Te Amo, Milena, aunque me desobedezcas siempre, y seas un constante desafio, yo amo lo que eres, y lo que soy, cuando estoy contigo.-Y cada vez que se lo decia, se emocionaba hasta el punto de casi llorar.No imaginaba su vida sin su compañia, sin su calor y no solo el calor fisico, si no el calor de sus abrazos, de su persona, Katryce, también la amaba, aunque era màs dada a demostrarlo en la cama, que en palabras bonitas. Esa, era una relación totalmente libre, de amor, pasión, y deseo pervertido, donde primaban la confianza, comunicación y respeto, con toques muy ardientes y picantes♦️

K-¿Enserio quieres jugar duro, cielo?  Bien, tú lo has querido. Te voy a enseñar, que desafiarme constantemente no siempre es buena idea. Tú-Señaló a Yulent-A la máxima potencia, no pares hasta que yo te lo diga.-Él acató la orden inmediatamente, provocando los gritos de gozo de Milena nuevamente, que rogaba por más. Estaba siendo follada por los tres agujeros. Sí, pues Katryce le violaba la boca con cuatro dedos, acallando sus gritos, mientras  se los hundía en aquél túnel  hasta tocar la campanilla, provocando arcadas, provocando lágrimas, y así seguía aumentando hasta tener el puño cerrado dentro de esa boca rebelde que tantísimo la prendía. Intentaba no vomitar encima de su Ama, pero se le estaba haciendo misión imposible. Se sentía llena hasta explotar, y una bola de lava ardiente estaba naciendo en lo bajo de su vientre, se sentía girar y girar, encima de las llamas, sin poder detenerse. Y sucedió, que el descenso comenzó, embriagándola, abrazándola en cada poro de su piel, su espalda ya estaba en tensión, al igual que se apretaba contra la polla de Yulent que le daba por detrás. Creía que se desmayaría por el amenazante león que le mordía las entrañas, olvidando que no era dueña de su cuerpo. Su cuerpo, su alma, su corazón, su mente, eran de Katryce. Fue entonces cuando Katryce volvió a detenerse, haciendo un gesto  al hombre, para que saliese de ella, dejándola vacía e incompleta, entonces la obligó a levantarse de encima, se desengancharon de ese amarre íntimo, y Milena, adivinó que le negaría el orgasmo, ya lo había hecho otras veces, su Ama sabia cuanto la enfadaba esto, por eso lo estaba haciendo. Control Del Orgasmo. Le encantaba tenerlo. La reina se abrazó a Yulent, mientras se besaban y se masturbaban con picardía, ambos miraban a Milena que se había quedado tirada en el suelo, entre sus piernas, escapaban los fluidos de su anterior orgasmo, y de su alta excitación y frustración, por el que le habia sido negado. Siendo sincera, estaba empezando a sentirse celosa, no le prestaban ninguna atención, y Yulent ya estaba tan duro como para romper un roca, la reina lo masturbaba con una mano, y con la otra le tiraba del pelo hacia atrás, besando su cuello y paseando su lengua por la piel de ese hombre que es estaba robando a su diosa. Pero nada más lejos, Katryce solo tenía ojos para ella, lo estaba haciendo para hacerle daño psicológicamente, también sabía castigar de esa manera, y bajarle los humos. Pero no era suficiente, tenía algo especial para ella. Dió un último beso absolutamente posesivo a su amante, y enfrentó la mirada confundida de su esclava.

K-Fóllatela, bien. Caliéntala hasta que esté a punto, y en cuanto lo notes, te detienes. ¿Entendido?-Se dirigió a Yulent mientras le daba un pequeño apretón a su polla en señal de advertencia, más le valía cumplir su orden, o él también sufriría más de lo que tenía pensando.

Y-Si, Ama. No se correrá-Esa mujer pensaba volverla loca hasta desquiciarla, sintió un poco de compasión por esa mujer de pelo aguamarina, pero se lo había ganado.

K-Bien, hazlo. Vuelvo enseguida. Esta zorrita va a tener que aprender.-Y  su cuerpo se perdió tras una puerta secreta que se ocultaba tras un mueble biblioteca, repleto de libros. Ella era clásica para esas cosas. Allí guardaba sus tesoros, sus trofeos y mucho más. Buscó en los recipientes de vidrio que había, y cuando halló lo que deseaba, salió de nuevo para encontrarse con esos dos. Aquél chico se dejaba caer con todo su peso sobre el culo de su zorrita, el sonido de carne contra carne al golpear era hipnotizante. Le extrañó el silencio de Milena, Yulent tenía sus dos manos metidas en la boca, cuales riendas de un caballo, y así, apenas podía vocalizar nada más que sonidos inentendibles. Tenía que reconocer que lo hacía demasiado bien, parecía cumplir sus expectativas. Después lo comprobaría. Estuvo por un rato sentada en un sillón, observándolo, y vigilando, mientras con una navaja estaba tallando en forma cilíndrica lo que parecía una raíz. Raíz de jengibre. Era especialmente larga, y gruesa, a apenas había tenido que tallarla. Se entretuvo en esto, hasta que llegó el momento, en que Yulent salió rápidamente de su esclava, pues había estado a punto de dejar que se corriese, y él mismo con ella, pero fue lo bastante sensato para salirse, y mirar a Katryce.

Y- ¿Y qué hay de mí? ¿Puedo?- La reina no contestó, siguió con lo suyo unos segundos antes de decirle nada.

K-Puedes…pero hazlo en cualquier sitio menos en ella. Y después, ve para que te limpie bien.-No le apetecía dejar que se corriera en Milena, al menos no ahora. Pero se había portado bien, por lo tanto dejaría que su esclava le lamiese  la polla hasta dejársela relucientemente limpia. Él no le contestó, ya estaba masturbándose con energía, apenas tardó 30 segundos en disparar el rifle con todas las balas que tenía en el cargador. Enseguida se posicionó delante del rostro de Milena que seguía a 4 patas, porque no se le permitía cambiar de posición. Al menos eso lo estaba respetando.

Y-¡A comer salchicha! ¡Ah Ah Ah, no se habla con la boca llena.-Le metió la polla de una estocada, y le gritó al ver que iba a protestar.

 Y-Límpiala bien, cielo—No podía evitar soltar esas frases, le hacía mucha gracia ese humor.

Y así, la lenguita de esa mujer, le lamía en todas las direcciones, poniéndole perro de nuevo, aunque acabase de correrse. La reina se había empezado a masturbar mirándoles sentada en el sillón, con una pierna subida al reposabrazos. Estaba tan cachonda, tan ardiente que necesitaba otra liberación, y le encantaba hacerlo ella misma. Yulent seguía en lo suyo, y cuando se dio cuenta de lo que hacía Katryce, pensó hacer algo, aunque no sabía si ella se lo permitiría o le pegaría un estufido cual gato muy enfadado. Entre arriesgarse y no hacerlo, decidió arriesgarse. Dejó a Milena sola, y sin preámbulos, se arrodillo ante Katryce, le apartó la mano y se la llevo a la boca, pasando su lengua por ella, disfrutando de su sabor, ella seguía gimiendo muy bajito, chupó cada uno de sus cinco dedos, metiéndoselos hasta el comienzo de la palma y la muñeca.

K-Uff Grr-Cerraba los ojos inmersa en todas esas sensaciones. Tembló de gusto, cuando la lengua de Yulent, le penetraba el coño, se lo estaba comiendo cual perro de presa, hambriento tras días sin comer o beber nada. Joder, que bien comía el coño este cabronazo. No se limitaba a jugar con la lengua, también le mordía sus labios menores, o hacía de succionador humano con su clítoris, que ya estaba hinchado y deseoso de descargarse. La mano de la reina, agarraba y tiraba del cabello moreno de ese experto lingüista, empujándolo, ahogándole con su zumo frutal, que comenzó a derramarse desde su árbol de la vida. Ella, era en parte muy silenciosa a la hora de correrse, porque así lo sentía más fuerte. Pero esta vez, no fue así.

K- ¡Ohhhhhhhh Joderrrrr!!! –Milena en ese momento, miraba a su Dómina con odio, aunque sabía que no tenían exclusividad, pero no podía evitarlo, la quería para ella, pensaba que su fruta era para ella. Porque, rara vez dejaba que alguien más aparte de ella, su esclava, le comiesen el coño. No entendía porque a este desconocido le había permitido hacerlo.Pero estaba enfadada, no lo negaría.También seguía muy caliente porque la habían dejado a medias, sabía que Katryce estaba verdaderamente enfadada con ella. Recordó una de esas veces en que ocurrió algo similar. Y sintió un escalofrio, que no provenía de su excitación, sino de un cierto miedo. Si, tenía miedo, porque las situaciones de ese estilo, la ponían a mil, pero no dejaba de ser inquietante. Había desafiado a su dueña, debía asumir las consecuencias. Pero ya que sería condenada igualmente, ¿Por qué no cometer más pecados? A fin de cuentas, ya estaba sentenciada. Que más daba. Se comenzó a tocar, pues aquellos dos no prestaban atención a nada, menos le prestarían a ella o a lo que hacía. Que equivocada estaba. Olvidaba que había un Dios todopoderoso que lo podía ver todo, y le delató.

Z-Infracción 11.2 -Repitió esa frase hasta dos veces, y la reina que aún se sacudía del implacable orgasmo, apartó a Yulent y se dirigió a ella, apartándole la mano de su coño ya mojado de nuevo, le soltó la mano y le hizo un gesto negativo con el dedo.

K-No, no, no. No hay más para ti. Ahora, vamos a jugar a la ruleta del tormento. ¿ La recuerdas, cierto? ¿No? Recordemos. Me desobedeciste, tal como hoy. Y jugamos a la ruleta, la cual decidió tu destino. Momificación al vacío. ¿Recuerdas como suplicabas clemencia? Fue precioso envolver tu cuerpo en aquel saco de látex negro, que solo poseía una cremallera en tu boca. Fue tan bonito, cuando presioné con mis botas de tacón la palanca, y la máquina absorbió todo el aire, dejándote atrapada totalmente, momificada en vida. Después, te coloqué una mordaza hinchable, a ratos la hinchaba, y tu cuerpo incapaz de cualquier mínimo movimiento, convulsionaba presa del pánico, solo entonces, soltaba la presión, y podías respirar nuevamente. Después, la dejé hinchada lo suficiente para que te costase respirar, y comencé a azotarte con gomas elásticas. ¿Dolieron bastante, no? Algo tan cotidiano, sirve para divertirse, al igual que mil cosas. Al tiempo que conecté un vibrador muy discreto, que te había colocado justo encima de tu coño, era tan potente ese juguetito, que daba más dolor que placer, eso era justo lo que quería para ti. Te dejé con las ganas hasta 8 veces, mientras aplicaba calor sobre ti, para que sintieses como tu piel quemaba pegándose al látex, no hasta quemarte, obviamente. ¿Era insoportable, verdad? Gritabas, llorabas, por favor Ama, no más, le juro que me portaré bien. Bien, pues esperemos que mi querida ruleta, decida hoy lo que haré contigo.-Le había hablado en susurros, pues sabía que a Milena los susurros  le ponían en un punto caliente, mientras le acariciaba la mano, con el dedo pulgar, poniéndola como la quería ahora, asustada pero desafiante.

K-No te muevas ni un centímetro-Y fue hasta la columna de una de las esquinas de la habitación, para accionar una pequeña palanca. El suelo se abrió, y comenzó a elevarse una gran plataforma, la cual poseía una cama gigante en el centro. Poseía un cabezal antiguo de barrotes de hierro, con pomos redondos en lo alto, al igual que en la parte de abajo. El colchón estaba plastificado, obviamente para no ser manchado con fluidos y demás. Y encima, se hallaba la famosa ruleta del tormento. Un circulo, cubierto por variadas hojas de colores, en las cuales se ocultaban los premios, en el centro, unas manillas parecidas a las de un reloj, pero esas no daban la hora, si no que eran las que decidían donde detenerse.

K-Ve, y tráela aquí, ya-Milena, se puso a cuatro patas, porque sabía que debía de ir gateando hasta allí, y una vez que tuviese la ruleta, solo entonces podría ir en pie y caminar hacia Katryce. Sus caderas se movían de un lado a otro, buscando la atención de su Ama, pero ella no se ablandaba.

K-No pienses que moviendo el culo así, vas a conseguir librarte, cariño-La esperaba de brazos cruzados, mientras vigilaba cada uno de sus movimientos. Ya había llegado a esa cama, entonces se alzó, y cogiendo la ruleta, se la llevó y ni siquiera levantó la mirada del suelo, no se le estaba permitido. Su Ama tendió la mano, para que le entregase la ruleta, y ella, le besó la mano en  señal de obediencia, y sin más, se arrodilló a sus pies. Yulent, se había quedado sentado en la misma silla donde había devorado a la reina, se divertía viendo lo que estaba sucediendo ante sus ojos, observando ahora como preparaban la ruleta. Milena fue obligada a tirar de la ruleta, que comenzó a rodar velozmente, hasta que su velocidad descendió y se detuvo. Había parado ante una hoja color verde. Milena miraba la ruleta con temor reflejado en el rostro, pues lo que otorgaba no eran premios, sino un dolor insufrible. Se frotaba las manos, visiblemente nerviosa, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Katryce, le dio un azote en el culo, y fue a leer lo que decía en la hoja verde. Lo desdobló con delicadeza, y una carcajada maléfica escapó de sus labios, enseguida señaló a su esclava para que se acercase hacia ella.

K- ¿No te mueres de ganas de saber lo que te ha tocado?- Le pellizcó la mejilla juguetonamente., aquello le encantaba.

K-Te ha tocado, Figging. Es un castigo que no causa dolor, precisamente. Más bien causa desesperación, quemazón, escozor, y ardor. Raíz De Jengibre. Verás, lo que ocurre, es que esa raíz va a violar tu culito, y lo comenzará a calentar, hasta alcanzar grados insoportables. Se dice que el zumo de jengibre,  es un afrodisiaco. La raíz, entibia gradualmente, lo que lleva a experimentar una sensación muy especial, mientras aprietas para no sentirlo, porque acabarás por hacerlo, pero así solo lograrás maximizarlo todo. A más te resistas, peor para ti. Pero no te preocupes, no vas a poder concentrarte en esas sensaciones especiales, porque vas a estar recibiendo azotes con la vara. Sé lo mucho que te gusta. Obviamente, no le gustaba, no le gustaba nada, porque eran de los más dolorosos. También dicen, que la raíz de jengibre, puede llevar a orgasmos más largos e intensos, pero tú no lo vas a saber, porque no vas a correrte. Recuerda, a más aprietes, más te vas a quemar. Bien, ve y túmbate en la cama, bocarriba con las manos por encima de la cabeza, y las piernas abiertas.-Se apartó del camino de Milena, que durante toda esa explicación la miraba fijamente, sabiendo que no debía hacerlo de esa forma, porque se lo haría pagar muy duramente. Y demasiado tenía para pagarle ahora mismo. Caminó con pasos lentos, como los de aquellos que lo hacen por el corredor de la muerte, sabiendo que de allí no saldrán vivos. Obedeció las órdenes, y esperó tumbada sin atreverse a levantar la cabeza para mirarla. Estaba impaciente porque todo comenzase rápidamente y terminase de igual manera, pero no iba a ser así de sencillo.

Katryce, había escogido diversos objetos, que traía consigo en las manos.  Un rollo grande de tela adhesiva, bridas, una cuerda fina azul, una pinza de madera grande, y unas pinzas pequeñas unidas por una pequeña cadena a cada extremo.

K-Encoge las piernas-Milena lo hizo instantáneamente, y comenzó a enrollarle la cinta con adhesivo alrededor de sus muslos y piernas, dejándolas en esa posición fija, expuesta totalmente a los deseos de su señora. Después siguió amarrando con las bridas, sus muñecas a los barrotes de hierro de la cama, dejándola inmovilizada e indefensa.  Un bondage rapidito y sencillo, no tenía ganas ahora de entretenerse en esos detalles. Su presa ya empezaba a estar inquieta, soltaba algún bufido de vez en cuando, pero le quedaba poquito de ello. Fue hacia uno de los estantes, y escogió una mordaza de araña. Un anillo de metal, del cual salían hierros similares a las patas de una araña. y regresó junto a ella, le pasó la mano por todo el cuerpo, deteniéndose en uno de sus pechos, el cual apretó hasta hacerla gritar.

K-Dios, están tan deliciosa así, que te follaria todos los días de mi vida, y si hay vida tras la muerte, también. Pero ahora no te lo mereces. Abre la boca- Milena pensó en jugar un poquito aun sabiendo que tenía las de perder, ya había perdido de hecho, después lo pensó mejor, no quería empeorar más la situación. Abrió despacio su boca, pero no lo suficiente para permitir que ella le amordazase. No sirvió de nada, pues Katryce, presionó con fuerza  y al final, el anillo rompió la barrera que le impedía pasar. Le abrochó la correa por detrás de la cabeza, en la cual colocó una almohada, para que pudiese ver lo que ocurría delante y encima de ella. Tenía en mente un juego.

K-¿Te gusta complicar las cosas eh? –En realidad disfrutaba de la rebeldía animal de Milena, era un potente elixir que la hacía mojarse hasta límites insospechados por Milena, sabía ocultar muy bien lo que ocurría dentro de si misma. Esa mujer era sin duda, su juguete favorito. No solo por lo obvio de su belleza física, si no por su radiante personalidad, y por su vena peleona. Con ella, la rutina, nunca era aburrida, ni si quiera podía llamar rutina a lo que ellas tenían, pues hacían de cada encuentro, un buffet libre de millones de sabores diferentes. 

M- aldhjshfljskf- Intentaba contestar a la pregunta, pero la mordaza  dejaba un espacio ridículo a su lengua para dar paso a pronunciar nada. Katryce se rio y pasó su mano por su estómago y bajo vientre, pareciendo que llegaría al lugar deseado, pero entonces desvió el  rumbo hacia arriba de nuevo. Así estuvo durante un rato, nunca llegaba a tocarla entre las piernas, y su víctima ya ni se molestaba en prestar atención a ello, no hasta que sintió que su vello púbico moreno y rizado, era brutalmente estirado por una mano férrea.

K- ¿Decías algo? ¿Te aburro, zorrita? No te preocupes, solo estoy dándote tiempo para que te relajes un poquito, lo vas a necesitar.-Soltó la maraña de pelo púbico, y le golpeó los pechos con las manos. Milena solo podía dejarse llevar, y aceptar sumisamente lo que le haría, ya no había escape.

K-Veamos cómo te comportas en breve-Le golpeó con la mano en la cara, y se dio la vuelta para dirigirse a coger la raíz de jengibre, y lubricante, eso sería muy necesario. Sin dirigirle ni una mirada más, comenzó a untarle aquello con su dedo corazón, metiéndoselo lentamente , masajeando por dentro, para relajar los anillos, ella gemía, y en un tiempo record ya le había metido 4 dedos, ya la tenía preparada. Milena tiraba inútilmente de las ataduras, y ella comenzó a azotarle la cara interna de los muslos, sabía que eso no lo toleraba demasiado bien, y era bastante doloroso, por lo tierno de esa carne. Eso era un aviso de que si a continuación oponía resistencia, y no relajaba ese culo, recibiría más de esos. Muchos más.

K- Vamos allá, cielo- Sabía que tenía que ser dura, pero no podía evitar que esa parte dulce hiciese acto de presencia de vez en cuando. Su chica, ya estaba preparada. Lubricó también la raíz de jengibre, pues no quería provocar el mínimo desgarro o herida, prefería la seguridad de hacerlo bien. Comenzó a insertarla, suavemente pero sin pausa, al tiempo que masajeaba el clítoris de ella, quería  consentirla ahora, pues después vendría lo bueno. Quería que se confiase, que se relajase, para después ¡ZAS!. Como los ratones, que van a comer el queso, y justo cuando ya lo están saboreando, ¡Boom!. Milena retozaba de placer en esa cama, estaba en unas manos expertas. Y después de un eterno proceso, al fin la raíz estaba clavada hasta el fondo, quedando solo lo justo para poder sacarla después. Katryce, que no era tonta, sabía que ella intentaría expulsarla, en cuanto comenzase a experimentar su abrasador calor, por ello, con cinta adhesiva, se aseguró de que la raíz no pudiese salirse de su culo. Su víctima protestaba, porque le había leído la mente.

K-¡Shhhh! ¿Esperabas que no me diese cuenta de  tus intenciones? Cariño, te conozco demasiado.-Y la besó pasionalmente, sus dos lenguas peleaban cuales espadas cimarras árabes, que se curvaban ágilmente para internarse en las bocas de aquellas lobas. Katryce, le succionaba la lengua, de arriba abajo, luego le escupió en la boca, y seguidamente volvió a besarla de forma muy agresiva. Una vez consideró, que ya había terminado la sesión de besos, se volvió hacia Yulent que seguía sentado en la silla, observando, y tocándose levemente.

K-Veo que te gusta lo que ves. Y le recorrió con los ojos, de norte a sur. Quería jugar con él, y sus deseos eran órdenes directas. Él se dirigió hacia ella con paso decidido, y cuando estuvieron a milímetros, la atrajo hacia si de la cintura, y la besó. Un beso de película hollywoodiense. Su reacción fue positiva, no le apartó, le seguía el juego. Milena podía  empezar a notar cierto ardor, no era del todo desagradable. Quizás no fuera solo la raíz lo que la incendiaba, si no lo celos. Es inevitable, cuando quieres a alguien, sentir ciertos celos sanos, no tóxicos, obviamente. Anhelaba el tacto de su Ama, que hacía rato que había dejado de prestarle la más mínima atención, dejándola sola, y haciéndola sentir abandonada. No estaba acostumbrada a que un juego de dos, se viese amenazado por un tercer jugador. La reina recorría la espalda de ese hombre, al tiempo que le arañaba y le hacía sangrar, después se llevó una de esas cuchillas disfrazadas de uñas humanas, y lamió seductoramente la sangre.

Y- Ufff Puta ostia. Haz lo que quieras conmigo.-Se estaba dejando doblegar por el espectáculo de esa diosa bebiendo de su sangre como si fuese Elizabeth Bathory, la condesa sangrienta. Él conocía su historia, y había visto infinidad de documentales sobre ella.

K-Mmmm ¿ Estás seguro de lo que acabas de decir?-Le susurró al oido, mordiéndole levemente la oreja, sintiendo como  sus fuerzas se derrumbaban ante su simple toque.

Y- ¿Acaso no son todos tus esclavos? Entonces, coge lo que es tuyo, reina.- Y le dio un lametón en la mejilla, retándola abiertamente.

K- Tienes cojones, me gusta. Sí, todos sois míos. Pero creo recordar, que me habías invitado a tu fiesta vengativa. ¿Cierto? Después quiero participar de ella. Pero ahora, te invito a que te unas a la mía. Me gustaría compartir contigo este momento. Si prefieres echarte atrás, será la última vez que te invite, recuérdalo. No doy segundas oportunidades en ningún sentido. Ahora, decidas o no participar, cumplirás con tus deberes,y no son tan divertidos, ya lo podrás comprobar después. ¿Te queda claro, esclavo? ¿ O tengo que castigarte también?-Él levantó las manos, en señal de paz.

Y-Vale, vale, me queda claro-Ella alzó la ceja, y estrujó su polla con la mano derecha, su cara palideció ante ese súbito aviso, porque lo era.

K-¿Si, qué?-Tenía que admitir, que ese hombre tenía una buena pieza entre las piernas, realmente buena.

Y-Si, mi Ama-Tragó saliva, ansioso, nervioso, y exhaló aliviado cuando esa ama cruel, le liberó de su zarpa opresora.

K-Bien, vamos aprendiendo. Súbete a la parte superior de la cama, justo encima de la cabeza de Milena, y quédate en pie hasta que yo te diga.-Obedeció. El colchón hizo un ruido preocupante, signo de que no era usado demasiado a menudo. Y allí se quedó a la espera. Desde allí, veía todo lo que la reina estaba haciendo. Enseguida se volvió hacia él, enseñándole lo que portaba en sus manos, algunos de los objetos que anteriormente, había traído.  Una pinza de madera grande, una cadenita con dos pinzas metálicas en los extremos, y la cuerda azul. Ella lo había planeado todo desde el principio. Solo desde la primera escena, ya había imaginado el desarrollo y el desenlace de la escena. Yulent, no era novato en ese mundo, aunque no lo practicaba muy seguido, por problemas que arrastraba consigo. Pero eso no importaba, pues en su vida mental, la percepción era su realidad. Había tenido algunas experiencias muy light, si, era cierto. La última con una mujer. La primera fue con un hombre.

“Porque algo solo pase en tu mente, no quiere decir que no sea real". Cada quien tiene una definición distinta para lo que significa algo real.” Él lo vivía a su manera, en su más oculta intimidad, quizás lo ponía en práctica cuando relataba historias en donde las escenas eran el reflejo más fiel de su mundo interior, de ese que nunca había dejado ver el sol. Sentía las cosas demasiado intensamente, tanto, que no veía tan necesario un contacto físico en ocasiones, para disfrutar de sus noches de fantasía entre letras. Para él, el sexo carnal, estaba sobrevalorado. Le llenaba muchísimo más, poder tener afinidad y conexión a nivel emocional, mental, espiritual. Quizás por eso, desde lo de Leiza, no había querido saber nada del amor, ni de las parejas. Porque sentía que su visión, no encajaba en ese mundo. Se refugiaba en si mismo, porque solo así, hallaba la paz que un día, el mundo le arrebató, tan solo siendo un niño.

K-Enséñame la lengua-Yulent, la sacó de forma picarona para ella.

K-Algún día, te la morderé y me quedaré con un pedacito, para hacerme un collar con ella. Sácala más-Tiraba de ella con dos de sus dedos, hasta que no quedó más que sacar, entonces colocó la pinza grande de madera, en la punta de su lengua, ejercía bastante presión.

Y-¡Ahhh!-Ni siquiera podía meter la lengua para poder hablar. Esa era la intención. Le pellizcó los pezones, y se los chupó  hasta conseguir que se pusiesen muy duros. Él se derretía en exclamaciones, en gemidos. Sentía que las estrellas estaban al alcance de su mano.

K-Así me gusta, déjate llevar por mi.-Le acarició el hueso de la cadera, y le apresó los pezones con las pinzas metálicas, provocando un gesto de dolor en su rostro, pero sin llegar a mostrarlo demasiado. Se estaba haciendo el duro, veríamos cuanto le duraba eso. Entonces, tiró de la cadenita y su armadura de tio duro se fue a la mierda.

K-¿Estamos valientes, eh? –Le decía mientras unía la pinza de su lengua a la cadenita y las pinzas metálicas de sus pezones, con un trocito de cuerda azul que había cortado con la navaja.

Y sin previo aviso le golpeó en la pierna izquierda.

La cuerda estaba bastante tirante, y cuando soltó ese primer grito por el golpe inesperado, al intentar meter la lengua, sintió el mordisco feroz del metal en sus rosadas montañas.

K-Jajaja ¿No tengo que explicarte lo que pasará, si gritas demasiado seguido, no? Ah, lo olvidaba, no conoces mi juego. Precioso, a más grites, más tirarás con tu lengua de la cadenita, y más sufrirás, es como una reacción en cadena. Así que más te vale estar lo más calladito posible. ¿Entendido?- Él solo asintió con la cabeza.

K-Ahora abre las piernas, una a cada lado de la cabeza de Milena, y entonces te pones te pones en cuclillas. La idea que se le había ocurrido era demasiado buena como para no realizarla. Yulent  hizo lo que le había pedido, y se quedó mirándola expectante. Katryce rodeó la cama, poniéndose tras ella, con una escalera. Le amarró muñecas,codos y brazos con unas bridas idénticas a las que había usado en su esclava, y subiéndose a la escalera, hizo bajar tirando de una cuerda, lo que parecía ser una anilla de acero.

K-Arriba los brazos-Lentamente los alzó tanto como pudo, y ella enganchó las bridas a la anilla. Entonces, tiró de otra cuerda, que hacía de polea, y comenzó a subir hacia el techo, dejando a Yulent casi suspendido en el aire por unos centímetros, apenas rozaba la cama de rodillas.

Después, le rodeó las piernas  a la altura de los muslos, con unas correas de piel envejecida, aún guardaban ese olor característico. Al igual que la mujer que yacía inmovilizada bajo él, ambos no podían cerrar las piernas. También, hizo un pequeño bondage con lo que le quedaba de cuerda azul, alrededor de su polla firme, y en esa cuerda, colgó un pequeño cubo con orina reciente. Una idea bastante asquerosa. Pero le apetecía jugar sucio. La lluvia dorada, no estaba entre sus preferencias, pero para la ocasión, le parecía una opción perfecta. Milena al ver el cubo lleno de orina, se retorcía con más ansias.

K-No os va a doler, lo prometo.-Sabia que cuando te decían esa frase, significaba que te vas a cagar encima y a cagar en los muertos, sin esperar un segundo más, dio paso a la acción.

Había dejado a mano, las cuerdas de la polea que sostenían la anilla a la que Yulent estaba sujeto, y tiró de una de ellas. La cual hizo que descendiera, hasta quedar sentado literalmente encima de la cara de aquella mujer. Yulent no podía apoyarse ni evitar hacerle eso a esa mujer, sus piernas estaban totalmente inutilizables, no respondían. Facesitting. Ella luchaba por respirar, y también por la quemazón insoportable que le ardía como ascuas encendidas dentro de su culo. Él se retorcía de dolor, al sentir como el peso de cubo con orina, tiraba sin compasión de su polla, aguantó todo lo que pudo, pasaban los minutos y su peso parecía multiplicarse. Katryce lo alzaba a centímetros, dejándole colgando en el aire, le dolían sobremanera los brazos de soportar todo el peso de su cuerpo, después lo bajaba para asfixiar a Milena, cuando uno descansaba, el otro sufría. Pronto, otro tormento se unió a los ya presentes. Bastinado. El azote en los pies. Tenía el pie de Milena cogido fuertemente, pues ella lo intentaba mover, y golpeaba la planta del pie, unas veces apenas una caricia, y otras sin previo aviso, un golpe bestial que hacia rugir a su pantera. No olvidemos, que Milena, es hibrido entre humana y pantera.

K-¿Sigues pensando que es buena idea retarme, querida?-Hizo descender al chico de nuevo, por 5 veces más, cada vez dejando menos tiempo para recuperarse a su esclava. La cual no conseguía el aliento suficiente para recuperarse del todo.

Y-Dfjfhfkdjfjf!!-Intentaba decirle que detuviese aquello, que ya era suficiente, sentía compasión por aquella chica, pero lo cierto era que no aguantaba un segundo más, y comenzó a balancearse desesperado para derramar toda la orina posible de aquel cubo, culpable de su agonía. Milena, la cual aún tenía puesta la mordaza de araña, fue quien recibió todo ese líquido dorado tibio en su boca. No pudo más que tragar y escupir o se ahogaría, sintió nauseas. Él soltó un bufido de alivio.

K-No,  no, no. Chico Malo.-Le enseñó su juguete favorito, lengua de leopardo, y al verlo sintió mucho miedo. Estaba totalmente indefenso a merced de una mujer muy peligrosa, ahora se arrepentía un poco, de haberla provocado. Lengua de leopardo, era de cuero marrón, con el mango con remaches de plata. Más, aún con miedo, él estaba cachondo perdido, porque era la única mujer que le había dominado de esa forma tan cruda y al mismo tiempo, caliente. Se acercó a él, y le quitó la pinza de su lengua, dejándola colgando de la cadenita.

K-Vas a contar los azotes conmigo, por cada error que cometas, añadiré 10 más.-Y sin esperar reacción o respuesta por su parte, el primero cortó el aire y restalló en su espalda. Haciéndolo sacudirse, cual pez atrapado en una red marina, siendo devorado por los dientes cortantes de las pirañas.

K-¡Cuéntalos!-Decía ella con voz cantarina y meliflua, acariciándolo entre sus manos con lentitud.

Y-¡Uno! ¡Dos! ¡Ahh Tres!- Gritaba llevando la cuenta de cada uno al unísono con ella, cada vez eran más fuertes, su piel goteaba  de sudor, sus ojos comenzaban a inundársele, esa mujer no iba a tener compasión a la hora de administrarle aquella tortura. No le había dicho cúantos azotes iba a recibir, pues al menos así se habría preparado mentalmente para sopórtalo, y era porque Katryce, prefería  jugar con ese punto a su favor también, jugando a desesperarle sin saber si podrían ser 100 azotes, o quizás 200. Algo parecido a encerrar a alguien en una habitación sin ventanas, sin reloj, sin nada que le diese pista sobre el tiempo que pasaba. Una forma más de tortura. La piel de Yulent, ya estaba surcada de equis rojas, ella se acercó por detrás, y pasó un solo dedo por encima, notando el calor que desprendían esas marcas, lo ideal ahora sería rociarle un poquito de whisky por encima, y lamerlo por cada herida con su lengua felina. Katryce, también pertenecía al club de los felinos salvajes, pero eso solo lo sabía Milena, con la cual gustaba de pasear en su forma animal por aquellos valles naturales, en donde daban rienda suelta a sus instintos cazadores y depredadores en todos los sentidos, amaba esos instantes junto a ella.

K- Fallaste 2 veces, serán 20 azotes más.-Pero ahora cambiaria, el filete estaba dorado por atrás, ahora tocaba darle color por delante. Comenzó por los muslos, empezó con suavidad, dando le un poquito de margen de tiempo para acostumbrarse, y lentamente subió la intensidad, observando encantada como ese hombre  continuaba llevando la cuenta de nuevo, deseando que se equivocase solo para joderle más. No, no para castigarle físicamente, no necesitaba una excusa para darle más si quería, si no para humillarle aún más. Por no saber contar cuando un niño, lo hace perfectamente. Los 3 últimos fueron directos a estrellarse a sus pectorales.

Y-¡ Joderrrr! ¡No más por favor, Ama!-Le caían lagrimones mojando todo su rostro, y sus labios estaban mojados de saladas lágrimas y saliva. Tenía la polla, que podría traspasar la pared como si fuese de papel, pero ese minibondage, la tenía atrapada y no la dejaba levantarse de su tumba de cuerda marinera. La sangre, ya corría por su espalda hacía rato, él era un santo grial derramándose en  las manos de esa descendiente de Dagoberto II, último rey francés conocido de los merovingios, descendientes según la leyenda, de Jesús y María magdalena.  Si, él era un amante de esos temas, de hecho ese en concreto le encantaba, había leído el código da vinci y todos los libros de Dan Brown sobre esos temas, era su escritor favorito. También leyó el enigma sagrado, un libro documental de todos los datos históricos, e hipótesis sobre todo ello. No creía en las religiones, pero era uno de sus pasatiempos, por el simple hecho, de los misterios que levantaban a su alrededor, alquimia, esoterismo, ocultismo, magia, fantasía e historia sangrienta.

K-Has aguantado mucho mejor de lo que me esperaba, pero eso deja las expectativas altas para la próxima vez, tendrás que superarlas. Y procedió a bajarle de allí, le liberó completamente. Milena lloraba con los ojos cerrados. Todo el tiempo había estado sin recibir la mínima caricia ni atención de su Ama, y eso le había dolido más que cualquier castigo por cruento que fuese. Enseguida fue liberada igualmente, Katryce, le masajeó las piernas y las muñecas, para dar un poco de bálsamo sanador a sus articulaciones, después de permanecer por un largo tiempo en esa posición. Después, le arrancó la cinta adhesiva del culo, y con sumo cuidado le fue extrayendo la raíz de jengibre, ella se quejaba.

K- Ve al baño, dúchate bien, y vuelve aquí-Le dió un leve beso en la frente, y un golpecito suave en la espalda para animarla-Parece que Milena recuperó un poco de dignidad y un poco de felicidad. Ahora tenía que hacerle un lavado. Con leche tibia y una solución calmante, pues no podía dejar el interior de su ano así, podrían haber quedado restos de la raíz y además era su deber cuidar de sus esclavos, y ella ocupaba un lugar privilegiado entre todos los demàs. Respecto a Yulent, ya era el momento propicio para poner fin a su vendetta contra Leiza, pero ahora le sorprendería con una revelación, obviamente una pequeña trampa, en la que seguramente, un hombre cegado por la rabia como él, caería sin remedio.

K- Yulent, ¿Deberíamos poner el punto final a tu vendetta no crees? Tengo una sorpresa para ti, pero no he querido desvelártela hasta ahora. ¿Te gustaría matarla? ¿O solo deseas torturarla y castigarla? – Él la miraba confundido, y sorprendido al tiempo. No comprendía esa pregunta. Por supuesto que quería la muerte.

Y-Ya conoces mi respuesta, espero. Pero, ¿No habría problemas, después cuando la busquen en la tierra y no la encuentren? No quiero crearte problemas o más deudas que me harás pagar sin dudar, reina.-Y era cierto, cada favor extra de ella, conllevaba la ampliación de la deuda contraída con la “Familia” y “La Cuna”. No le habían dicho siquiera  la duración de su condena, y no estaba muy seguro de jugarse su tiempo. En este lugar, nadie sabía cuándo sería liberado, para evitar que viviesen el día a día deseando que llegase su libertad. Mejor mantenerlos en desconocimiento total, una vez cumplida su condena y saldada su deuda, eran liberados sin más explicaciones. Con todo lo conseguido. O sea conocimientos increíbles, almacenados en su cerebro, con los cuales podían presentarse por libre a cualquier examen y aprobarlo, para obtener títulos y carreras que deseasen. En ese sentido, había recibido mucho más de lo que se les había exigido en “La Cuna”.

K- Si, en un principio, te dije eso.  Pero hay una forma de que puedas deshacerte de ella y saciarte de veras. Te costará muy caro, obviamente.  Te ofrezco un trato. Su vida, por la tuya 24/7. Dejarás tu cripta, y a Bastián. Y vivirás en la mía, conmigo y con Milena. Aceptarás todo lo que te imponga y te encargaras de mantenerlo todo limpio y en condiciones.  ¿Aceptas? Piénsalo bien. Una vez tomada una decisión, no hay vuelta atrás  Yulent, se debatía en una guerra consigo mismo, por un lado, no soportaba la idea de dejar viva a esa escoria que le rompió el alma, por otro lado tampoco soportaba la idea de ser esclavo de nadie. Lo sopesó despacio, y decidió, pero no si antes encontrar una salida a la situación, para más adelante, tenía que jugársela ahora.

Y-Acepto el trato. Solo, explícame como lo harás. ¿Cómo ocultarás su muerte a los ojos del mundo? Explícamelo, porque no comprendo nada. No soy tan inocente, como para creer que... ¿Te vas a jugar el cuello por mí, así porque si, no?  ¿Dónde está la trampa?- Katryce, caminó hasta él, le rozó la mano juguetonamente.

K-¿Crees que te habría ofrecido esto, si fueras lo bastante estúpido como para no preguntar? Desconfiar, es de sabios. Nunca le des la espalda a un enemigo, disfrazado de amigo.-Yulent, le devolvió la caricia con el dedo pulgar.

Y-No veo ninguna enemiga, reina. Y no, no confío en ti, pero no es nada personal, es que simplemente no confío en nadie.

K-Me gustas, me recuerdas a alguien, hace mucho tiempo. Bien, te explico. Poseo un laboratorio, que aparte de experimentar con lo que has podido ver ya, también experimenta con la clonación. Sí, es posible clonar seres humanos. Ahora estamos probando sin suerte, con animales, pues muchas especies se extinguen por nuestra culpa, y mi deseo seria poblar nuevamente de ellos toda la tierra. A los clones, se les implantan todos tus recuerdos vividos. Los clones, son idénticos a sus humanos originales, solo hay una forma de diferenciarlos. Solo los clones tienen una pequeña marca en la esclerótica de sus ojos. Una marca, solo visible bajo un tipo de luz ultravioleta. Hasta el día de hoy, no han descubierto ninguno de nuestros clones en la tierra, y te aseguro que hay miles. Pero no son conscientes de ello.  Son perfectos, no levantan  la más mínima sospecha. De modo, que solo te haré esperar unos minutos, para que Zyann haga el escáner a través de la retina ocular. Es un proceso indoloro y rápido.

K- Ahora, ve con Milena, dúchate, y espera ordenes mías. Ah, nada de contacto entre vosotros, lo sabré y... ¿No te gustaría enfadarme más, verdad?-Su tono era amenazante y provocativo.

Y- No se me ocurriría hacerlo, reina.- En otra situación, seguramente lo haría, pero ahora quería culminar de una vez su vendetta. Desapareció de la vista de ella...

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