❗🔴Aclarar, que... no conozco demasiado de este mundo, solo lo básico, creo, y por tanto, puedo cometer errores. Escribo siempre desde el respeto, solo por y para entretenimiento y, por supuesto, placer. Todos mis relatos, son erotismo oscuro, terror y fantasias, pero no es BDSM como tal, aunque tenga bastantes pinceladas de ello, no quiero confusiones. Aclarado esto, disfrutad de la lectura. Un saludo🔴❗
L-¿Que te ocurre? Parece que no estás aquí, conmigo. ¿Quieres que descansemos?-Su voz sonaba a preocupación sincera y a cansancio. Entonces, se sintió culpable por estar ausente mientras aquél cielo le estaba dando toda su atención. Decidió con rapidez y sin mediar palabra o respuesta, las posiciones se invirtieron en un instante fugaz, ahora Yulent le tenía empotrado contra la puerta, respiraba con agitación, y estaba mucho más excitado que antes, porque Lucán le había mostrado una parte muy dulce y tierna, que le había conmovido y vuelto loco, necesitaba compensar esa dulzura, y lo haría a su manera.
Tomó su rostro con las manos, y atrayéndolo hacía sí, comenzó a besarle tan despacio, que incluso podían escucharse los latidos de sus corazones.
Sus manos descendieron hasta clavarse en el pecho, en donde sus dedos jugaron con un fino manto de bello masculino de tono rojizo, caricias desesperantes.
Lucán, con los ojos cerrados, gemía tímidamente contra la boca posesiva de aquél príncipe vampiro, que le exigía la rendición con esa inmensa ternura en la expresión, en cada beso con que le invadía, Yulent ganaba terreno sin contemplación. Una estrategia sublime, e implacable, que le desarmaba por completo.
¡Boom¡ Su cuerpo fué girado bruscamente, su brazo atrapado tras la espalda que contaba con marcas en forma de hojas de palmera, la historia que aquí se describe.
Yulent, tenía a Lucán donde quería. Su presa intentaba escapar, pero solo conseguía hacerse daño. No le importaba que se resistiese, más bien le gustaba. Apretó su agarre con más dureza, y acercándose aún más, acortando la poca distancia que había entre cuerpo y cuerpo, le susurraba con su voz más dulce.
Y-Shhhh, relájate, quiero compensarte por estar y no estar. Ve y échate en la cama, ahora.-Le soltó suavemente, y enseguida, Lucán se volvió para enfrentarle cara a cara, su expresión era cambiante, al principio, enfado, que al cruzar la mirada con quien momentos antes le había sorprendido de mala manera, se fué esfumando, hasta relajarse y retornar a su expresión natural. Algo le había hecho cambiar de opinión, al mirar esos ojos desafiantes. Algo que estremecía, pero también le hizo sentir que podía confiar, sin miedo. No dudó. Dió un primer paso, y cuando quiso darse cuenta, ya estaba echado en aquella fría cama de sábanas blancas y con aroma limpio y fresco. Mientras estaba allí, no podía quitar la vista a aquél hombre desnudo emmedio de la habitación. No se había fijado bien, pero su cuerpo estaba repleto de cicatrices, y también de tatuajes. Su abdomen no era una perfecta tableta de chocolate, pero sí estaba tonificado y se marcaban tentadoramente los huesos de esas caderas que habían bailado el tango de la muerte con las suyas momentos antes. Seguro que de estar presente su mejor amiga, le habría soltado esa frasecita bochornosa.
¿Quieres un babero, guapo? Y él, riendo, seguro que le habría respondido con un sí rotundo.
Y-Cierra los ojos, y no los abras hasta que yo te diga.-El velo de sus parpados cayó, cerró esas ventanas y su visión quedó nublada por negros abismos.
Agudizó sus oídos, intentando adivinar qué pasaría. No escuchaba nada, y no era porque Yulent no estuviese en movimiento, si no porque estaba siendo sigiloso, como el gato nocturno que había aprendido a ser desde mucho tiempo atrás.
Abrió su maletín, donde guardaba sus juguetes favoritos, y escogió una variada colección de pequeños objetos.
Y-Voy a regalarte lo que queda de noche hasta el alba, de placeres, lo mereces. El alba que sucede antes de un amanecer en nuestro mundo, ya que aquí no he visto sol ni luna. Seguro que me pondrás al día de todo lo que tengo que saber. Camino a ciegas y... no me gusta. Necesito saber... saberlo todo.
Y-Bien, 2 cosas. No quiero que te muevas y no quiero que te reserves nada, lo quiero todo para mí. ¿Entiendes?-Escuchaba atento cada palabra, sintiéndome intimidado porque había notado un cambio muy sutil en esa voz, algo que me había puesto nervioso. Yulent al no recibir respuesta, decidió arrancársela.
Y-Contesta.-Su mano derecha de había cerrado firmemente en un puño, en torno al cuello de su amante, se había sentado rápidamente sobre el estómago de su ahora sumiso, que incapaz de moverse, tomó el poco aire que se le permitía y dió la respuesta.
L-Entendido-La presión aumentó un poquito más.
Y-Sí, mi Lord-Pronunció cada letra con tres besos en los labios.
L-Sí, mi Lord.-Nunca había gustado de aquellos juegos de fantasia, que las parejas vainilla solían probar para que la rutina no destruyese sus vidas sexuales, pero esto, parecía algo muy distinto...y...le gustaba.
Aunque con Katryce, esos juegos no eran precisamente fantasia, eran reales, con sus correspondientes reglas, claúsulas y demás, sellados y firmados, entre la Reina y sus esclavos, con sangre, obviamente, Katryce, era una reina sangrienta, descendiente de las mismísimas amazonas. Pero para él, era diversión, juego y donde...empezaría su andadura en los submundos sombríos. El arte de matar, su arte. El más grande acto de control sobre alguien, es asesinar, matar. Ver como se extingue el último haz de luz de sus ojos, como el confín del universo lo ves en su rictus de terror, cuando se dan cuenta de que no hay escapatoria, aunque, él gustaria de jugar a dejarles pensar que podrian vivir, ganarse una oportunidad. No hay más que decir, de cómo serà Yulent más adelante, creo. Pero, en esta historia, que pasa mucho antes de esos momentos, para él, no era nada serio, simplemente, era su forma favorita de sexo y juego. Sexo duro, salvaje, sangriento y perverso. Tal cual.
Bastían siempre se había sentido desdichado, ya que una vez amó y no volvió a hacerlo nunca, y no era muy dado a abrir... su ser, a nadie, obviamente, abrirse de piernas, demasiado seguido para su gusto, pero no podia negarse a las órdenes de la reina, que le exigia hasta la extenuación, le hacía estallar cual botella de champán en una noche de fin de año, solo que ese champán, se descorchaba en un interminable bucle repetitivo, desbordando espumas, burbujas y el último resquicio de sus fuerzas. Cualquier hombre, amaría tener una mujer así, pero...así como en un principio, la amaba por esto, ahora la odiaba, no...no era odio como tal, si no...que estaba harto, cansado y aburrido.
Y ahora Yulent le ofrecía un escape de esa jaula, para llevarle a su propia celda. Con la diferencia de que Katryce era su Dómina y Reina, por la fuerza, y a Yulent le entregaba su libertad por propia voluntad, las diferencias eran abismales. ¿Quién sería el verdadero am@ de Bastián Lucán?
Él pensaba...
"Si no has conquistado mi alma, no tienes derecho a dominarme".
Pero aunque era algo nuevo para él, sabía que lo consentía porque era Yulent, y porque joder, ese hombre, emanaba sexo por cada poro de su nivéa piel. Si se hubiese tratado de otro hombre, le habría roto la cabeza contra el suelo, pero... aunque su naturaleza era de todo menos gustosa por el sexo masculino, al menos hasta el momento, y mucho menos, sumisa, le apetecía probar, nuevas experiencias, quizás y aunque solo fuese en el sexo, le gustase.
Solo había una manera de comprobarlo.
Y-Aprendes rápido, me gusta, aunque es una lastima, tenía muchas ganas de educarte y enseñarte mis malas artes, en otra ocasión serà. Ahora, préstame atención. Me gusta jugar con mi preciosa Danya, es mi daga. La pasearé por tu piel, para que la conozca y la marque, como te he marcado yo con mis besos.-Al escuchar la palabra daga, estremecí. Obviamente no quería que me cortase, eso no iba conmigo, inmediatamente intenté levantarme de la cama, pero fue imposible, estaba clavado a la cruz de pies y manos.
Y-¿Dónde crees que vas? Tranquilo, no voy a desangrarte, confía en mí. Te va a gustar. Cierra los ojos ¿Si?-Me tranquilicé un poco, pero no lo suficiente, no me dió tiempo. Su mano izquierda me acariciaba de arriba abajo, allá en la cúspide que ya resplandecía, bailaba con mi mini-yo, en su mano, rítmicamente al jadeo de su entrecortada respiración y de la mía que comenzaba a seguir el mismo camino. Su mano me torturaba, yo solo sentía que se desprendían de mí todas las cargas, que me arrastraban al fondo del bar de mis penas, ahogadas en vodkas, y whiskys dobles, junto a un jazz. Su lengua corría de norte a sur y de este a oeste por el mapa de mis montañas de curvas letales. Producto de horas de gimnasio. Se detenía a torturar con rotaciones ininterrumpidas, a excepción de que su golosa boca enterrase sus colmillos en la cumbre de mis pezones tan duros y erectos, como para rayar cristales y escribir oraciones en su honor.
Y entonces...entonces Danya se presentó, y también se presentó un viejo amigo lejano, el miedo.
Danya obedecía el mandato de su señor, que la guiaba con la mano derecha, trazando líneas a lo largo de toda aquella belleza, que yacía muriendo de placer bajo sus manos y su dominio.
Le ponía a mil tenerle así, y que hubiese confiado de esa forma en él.
Era momento de desconectar por una vez su cabeza, y solo dejarse llevar por sus instintos y deseos de complacer. Le había cortado levemente, y algunas mini gotitas de sangre resbalaban por su piel, ya no habia blancura en su lienzo, si no que la tinta ya se derramaba del tintero que era su cuerpo. Su lengua, era ya la pluma, que se untaba en la sangre, y dentro de él, le escribia versos, através de sus memorias, pues la sangre es...Vida, una vida en recuerdos, sentimientos y pensamientos. Su saliva era el alcohol y sus besos la sutura. Ya no eran gemidos ni jadeos, si no gritos, al sentir como su polla era guiada a la entrada estrecha que le daba la bienvenida, y le invitaba para que se lanzase al fondo de aquél pozo húmedo, cuyas columnas y pórtico, eran como nubes de algodón, blanditas, perfectas para agarrar fuerte y así, lograr que toda aquella longitud, llegase hasta las entrañas y le rompiese en un devastador orgasmo.
Provocado por el miedo, la adrenalina, la sensualidad y la posesión absoluta.
Y-Córrete para mí, entrégate.-Cada palabra fué seguida de una lluvia de estocadas profundas.
Yulent salió justo a tiempo, para ver como aquella polla hinchada, y palpitante, comenzaba a lanzar chorros potentes que dibujaban círculos de nieve en el aire. Esa escena le dió la fuerza suficiente para tocarse y explotar justo después de su amante, acabando ambos bautizados con sus fluidos, su sangre y sus lágrimas. Si, habían acabado llorando, Lucán por los cortes de Danya, la daga, y Yulent lloró porque la intensidad de aquél momento, le hizo olvidar los fantasmas que le perseguían, el recuerdo de la traición de su ex novia.
Toda herida, tiene su cuchilla.... Y los habemos, que amamos desangrarnos en la cuchilla📝
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